El otro día descubrí la importancia de una mirada salvadora a tiempo, de un toque de suavidad que consiguió mitigar mi agobio. Hay personas que están en nuestra vida por alguna razón - aunque no sepamos cuál y probablemente no podamos averiguarlo jamás.
Pero aquella mirada tan triste y directa no se me olvidará nunca, por desgarradora, verde y llena de esperanza. Parece mentira que algo tan contradictorio sea posible, pero afortunadamente lo es. La visión del dolor en sus pupilas me hizo sentirme seguro, y de qué manera. Porque no era un dolor dañino, ni un encanto triste: era sincero, preocupado y libre de segundas intenciones. Era el malestar dulce de quien quiere hacerte saber que te aprecia pero no se atreve a hacerlo con palabras. Fue el mejor toque de atención de mi vida.
Por una vez, no estuve torpe y contesté. Atrapé la mirada -tan pequeña, tan cristalina, tan aceitunada- y la recluí en un tarrito de cristal. La tengo a bien recaudo, en el cajón de los calcetines que no me pongo nunca.
Quien me miró así ha dejado de hacerlo de forma furtiva. Básicamente porque ahora está conmigo, a pocos metros, saboreando una pera dulce y con los pies descalzos. Me mira, pero no con dolor indoloro; sino con ilusión inocente. Con los mismos ojos que un día dijeron "basta" y ahora dicen "qué pesado eres". A través del mismo cristal por el que yo la admiro.
Pero no abriré el frasquito nunca. No dejaré escapar a mi mejor medicina.
Mi vida era simple y llevadera, sin apenas obstáculos entre A y B. Llegar a C era toda una novedad hasta que tú, maldito diablo de mirada tranquila, aumentaste las revoluciones por minuto que regían mi existencia.
Yo era alguien hasta que llegaste y lo destrozaste todo. Tenía unos esquemas, una filosofía de vida, un modo de sentir y percibir el mundo.
Pero decidiste que eso no era suficiente. Que nada era bastante. Que todo y nada serían la misma cosa, aunque en verdad nada es todo si uno se lo propone. O no.
Me da igual que me hayas roto, pues de todo lo malo se aprende. Recogí los pedazos de mi ser, los recompuse como pude y la máquina aún sigue funcionando. Bastante mal (he de decir), pero mejor de lo que piensas.
Porque, al fin y al cabo, nadie es imprescindible.
En primer lugar, quisiera agradecer a Margarita Doubt que me haya concedido este meme-premio "Conocernos mejor".
Mi regalo para mis nominados es la portada del mejor disco de la historia del pop-rock: Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band. Siempre me han encantado los Beatles y esta es una de sus mejores obras maestras.
Se me quedan muchos en el tintero, la verdad. Pero estos son los cinco blogs de la Coctelera que más me gustan, hasta hoy. Por muchas razones: porque están bien escritos, tienen historias muy interesantes y algunos tienen un fondo musical estupendo. También quiero decir que continuar este meme no es una obligación, ni tiene por qué ser una imposición para nada. Aunque como juego para conocernos, es una idea fantástica.
Aprovecho también para pedir disculpas por dejar mi rincón desatendido tanto tiempo, sin ni siquiera pasar a limpiarle el polvo ni nada. Este Indeciso está más liado que de costumbre... quizás más de lo que lo haya estado en su (corta) vida. De hecho, estoy formando parte de una terapia laboral que ha triplicado mi productividad y que hace que apenas me levante del sillón para descansar y vivir. No se la recomiendo a nadie, aunque sí es verdad que es bastante efectiva:
Bueno, dejo de divagar y paso a contestar a las preguntas:
¿Cómo es tu despertar por la mañana?
De una crueldad intolerable. El despertador empieza a sonar una hora antes de lo habitual, pues necesito muuuuuucho tiempo para volver a la realidad, apagar el despertador (cuando ya ha despertado a medio vecindario), estirarme, pensar "qué frío hace", "qué calor hace" o "qué mierda de vida" (depende del día y la estación del año) y, ya de verdad, levantarme de la cama.
¿Estación favorita del año?
Los inicios de la primavera, cuando se va el frío, te puedes poner manga corta y el polen aún no ha comenzado a florecer. También me gustan mucho los días en los que hace sol a las 9.00 de la mañana, con independencia de la estación que sea.
¿En qué ocupas tu tiempo libre?
Poca cosa y nada especial. Ver series que se agolpan en mi disco duro, alguna película, estar con la familia y socializar un poco con las pocas amistades verdaderas. Me encanta viajar lejos y hablar en idiomas en los que apenas me manejo (y en los que, en consecuencia, nadie me entiende).
¿Cuál es tu comida favorita?
El salmón, a la plancha o hervido. Y todos los tipos de chocolate. Realmente, me gusta todo lo que sea comestible menos los puerros y el potaje de garbanzos.
¿Qué color te gusta?
El azul oscuro y el negro. Estiliza mucho a los que somos gorditos.
¿Qué día de la semana es el mejor para ti?
El sábado, porque es el único día en el que desconecto totalmente de todo. Apago el móvil, cierro la puerta y tiro la llave al mar.
¿Qué lugar te gustaría visitar?
Muchos lugares, más bien. Luxemburgo, Bruselas, Lille, Nueva York y Memphis, así, a ojo. Si pudiera, viviría cada año en un lugar distinto, con un amor diferente y un trabajo extraño.
¿A qué temes?
A no tener nada que hacer. A levantarme un día y preguntarme: "¿Ahora qué hago?, ¿Para qué estoy viviendo?" Temo a los días grises, a que la gente me tache de sus agendas, a olvidar y a ser olvidado.
¿Qué es para ti tu blog?
Una vía de escape. Un lugar en el que contar de todo a todos, sin miedos ni malos sentimientos. Mi blog es una ventana a mi mundo, desde el que me asomo a otros, de los que me enriquezco y aprendo. También es un lugar en el que escribo como da la gana, uso palabrotas porque me apetece cagarme en todo, hago listas de cosas y frases largas, juego, escribo con muchísimas comas, cuelgo videos que me gustan, digo que estoy triste cuando estoy hecho una mierda y digo que estoy feliz cuando, en realidad, estoy subido en una nube voladora (como la de Goku) y asomándome al arcoiris. También es un lugar en el que me gusta dejar constancia de cosas que me pasan para que no se me olviden.
¿Te cuesta perdonar?
Sí, muchísimo. Juanito, si me estás leyendo, que sepas que todavía me debes el boli de colores que me jodiste en 1º de E.G.B.
¿Qué extrañas?
Muchísimos amigos que no están cerca y algunos que viven dos portales más arriba de casa, pero en verdad viven en otro mundo. También echo de menos volver a casa a las 7.30 de la mañana tras una noche de marcha y vivir en Granada.
¿Cómo vives la Navidad?
Con mi familia más cercana, adelantando trabajo para después de las vacaciones y comiendo mucho turrón de chocolate.
¿Quiénes forman tu mejor concierto?
Mis dos amores platónicos, mi hermano, mis padres y algún que otro amigo y primo. En mi mejor concierto nadie canta (al menos, sobrio).
...Y esto es todo amigos. Hasta la próxima vez que pueda librarme de mi cárcel de oro, libros, fotocopias, documentos de Word y presentaciones de Powerpoint.
Salgo de la biblioteca agobiado, con la mochila al hombro, pesados mamotretos apoyados en mi pecho como una quinceañera (¿quién dijo que el saber no ocupa lugar?) y las gafas de sol torcidas. Al final de la cuesta me espera una compañera de clase, guapa, muy sonriente y con las uñas pintadas de rojo camión.
De repente, suena el pi-pi del móvil. Tengo un mensaje. Hago malabarismos con los libros -me doy cuenta de que mi compi me observa en la distancia, partida de risa- y me apresuro a leerlo:
"Acabo de llegar a París y me he acordado de ti. Sabes que ésta es tu ciudad. Besos"
Guardo el móvil, tembloroso, en el bolsillo de la chaqueta y cojo los libros con velocidad y soltura. Corro hacia mi compañera y le planto dos besazos en toda la mejilla. Se queda perpleja, roja como sus uñas, pero pronto improvisamos una insulsa conversación.
Solo recuerdo que, de camino a clase, sonreía.
He estado tres horas en la universidad y no he aprendido nada, apenas he escuchado a la profesora. Solo sonreía.
Al terminar, ya de noche, a nadie le apetecía compartir conmigo un sabroso juguito de cebada. Pero me ha dado igual, he seguido igual de sonriente.
No llovía, ni llevaba paraguas, ni sé cantar. Pero me he puesto a cantar bajo la lluvia alrededor de una farola apagada.
Es increíble cómo un par de palabras pueden hacer que un día de mierda se vuelva maravilloso.
Para mí, los comienzos de fin de semana son cada vez más raros. Los viernes, siempre pienso que me va a cundir muchísimo y que voy a hacer innumerables cosas: ver amigos, ver películas, adelantar trabajo, dormir catorce horas y estar con la familia. Al final me paso el sábado con la batería baja, sin hacer nada en especial. De hecho, hoy me he descubierto a las cinco de la tarde viendo videoclips y tonterías en Youtube mientras que los remordimientos se acumulaban en mi estómago como dos kilos de dulces de nata. De verdad, qué pesada puede ser la apatía.
Pero no ha sido todo malo y aburrido, menos mal. He tenido dos hallazgos insólitos:
El baile de las cejas
He descubierto esta locura de anuncio gracias al blog del nunca suficientemente valorado BobPop TV. De él se podrían decir muchas cosas, pero todas quedan resumidas en una: los británicos son los mejores haciendo anuncios. Me encanta esa música ochentera, la cara de esquizofrénica que tiene la niña y cuando se pone a hacer música con el globo. Es genial.
Cuando la parodia supera al original
Esta parodia de Womanizer, el último éxito de la eternamente petarda Britney Spears vale su peso en oro. Lo que más me gusta es que esta Venetian Princess (al parecer una humorista profesional) es mucho más guapa que Britney y tiene un sentido del humor bastante blanco. Porque, para ser sinceros, lo más fácil hubiera sido dejar a la cantante como un trapo y hacer una parodia basada en sus (más que explotados) defectos. Lejos de eso, han retomado la burla al colectivo geek típico de las películas estadounidenses de instituto y han creado una cancioncita simpática tan pegadiza como la original. No creo que nadie se sienta ofendido de veras, pues el videoclip está hecho con mucha gracia. Y además, los jovencitos con gafitas de pasta y tirantes no existen, creo.
En fin, parece que hoy me ha salido una entrada más flojita, pero es que ésa ha sido la tónica general de mi día. Un día débil, flojo, sin nada más que reseñar.
No sé si odio o adoro los días así. Me gustan porque suponen un descanso para mi ya de por sí fatigada mente, pero, por otro lado, detesto tener días "en blanco".
Durante poco menos de un año estuve viéndote todos los días. Por las mañanas te levantabas tembloroso, aterido de frío, con los ojos más azules y las pestañas más rizadas que nunca. Bromeabas con mi café cargado y mi manía de dar golpecitos a la tostadora. Nuestros desayunos no eran mágicos, ni especiales -ni tan siquiera me atrevería a decir que eran de verdad, siempre íbamos con la hora pegada al culo- pero me sabían a gloria.
Supiste ser el amigo más fiel, el contrapeso ideal, la I de mi punto. Equilibrabas con una sonrisa mi mal humor y aplacabas mi ira cuando hacía falta. También me ponías de los nervios de vez en cuando, que conste. Me agobiabas con tus contradicciones y a veces deseé darte un guantazo, o dos. Pero entonces te plantabas delante de mí, me dabas una palmada en el hombro, me mirabas con sorna y sonreías. Y yo, que soy más blando que la mantequilla, me derretía como un cubito de hielo.
Sabes bien que eres un listo encantador y yo soy un tonto torpe sin carisma.
Algunos días eras grande, inmenso, tanto que me hacías sentir el ser más feliz del mundo. Otros, me conformaba con las migajas de tu afecto. Pero no había día sin nuestros rituales: desayuno, almuerzo, café, charla. Tuvimos noches de cervezas y confidencias en solitario en las que todos y cada uno de mis secretos pasaron por tus manos... te conté cosas que nadie sabe, cosas de las que ni yo mismo era consciente.
Llegamos a tener un grado de compenetración asombroso, una empatía más allá de lo común. Estuvimos en el mejor punto de nuestras vidas, en el que una mirada y un chasqueo de lengua lo indicaban todo. Parecía que leías mis pensamientos y yo casi intuía los tuyos, a pesar de que no soy nada bueno en estas cosas.
Para que veas cómo es la vida: te conocí en una estación y me despedí de ti para siempre en otra. No he vuelto a llorar así desde entonces. Tampoco he olvidado tu mirada vidriosa del último día, ni el abrazo tan fuerte que nos dimos.
Ha pasado el tiempo (el único justiciero, dicen) y seguimos en contacto, pero ambos somos conscientes de que la chispa se ha apagado. Pero te recuerdo cada día, tanto que me duele. Y lo que más me fastidia es que estoy empezando a olvidar tu forma de andar, tu ruidito de ratón en la habitación de al lado, tu olor, tus llamadas a media voz de madrugada.
Me gustaría volver a verte, aunque preferiría viajar en el tiempo y vivir contigo otra vez. Te aseguro que lo haría todo del mismo modo.
Desafortunadamente la Navidad terminó y la realidad ha llegado a mi vida con más fuerza que nunca, pisándolo todo, moviendo armarios y conciencias. Se acabó el turrón y se me acabó el cuento.
El nuevo año ha venido cargadito de incertidumbres, proyectos, noches sin dormir y madrugones. Llevo unos días soñando con gráficos, números, papeles, libros y calculadoras con patas que devoran indecisos como si fueran galletas. El otro día me vi nadando entre los cuadros de una vieja libreta manuscrita de cabo a rabo. Me deslizaba con rapidez, aunque no podía evitar que los rabitos de la A minúscula y los puntos suspensivos se me metieran en los ojos como el polvo de las ventiscas. Fue horrible.
No sé por qué, pero no hago más que pensar en playa y palmeras (tropicales y de chocolate), en tardes de sol y en noches de película en lugares que ya apenas recuerdo con personas que hace ya mucho tiempo que desaparecieron del mapa. Es en los tiempos de agobio cuando más echo de menos a los que se marcharon sin razón aparente, a los que "evolucionaron" a otras vidas con otros trabajos, intereses y amistades.
Pero sigo aquí, vivito y coleando. Estoy teniendo una mala racha, pero la superaré.
En el tiempo del biberón, estaba absorto en descubrir todo lo que rodeaba y su mundo era un ser afable, generoso y que olía bien. Su madre, la única persona que le dejó algún tipo de huella.
Cuando estuvo en edad de beber Coca-cola todo se reducía a los libros. Los devoraba con devoción, uno a uno. Goethe, Pinter, Ende, lo que fuera - nunca le hizo ascos a nada. No era guapo, no era brillante, ni siquiera era demasiado inteligente. Se enamoró varias veces pero procuró olvidarse a base de letras y más letras. "La cultura es lo más importante" - se repetía una y otra vez. Se veía jefe intelectual de las masas, por encima de todo y de todos. Tuvo varios impulsos de libertad, pero él mismo los frenó a base de ostias e hipocresías religiosas. Llegó virgen a los 25 años.
Ya se emborrachaba antes de casarse, de conseguir la plaza en la Universidad, dos gemelas rubias, un perrito y una vida segura, estable y aburrida. Lo tenía todo, pero su vida estaba vacía, tristemente impoluta, como un cuaderno en blanco. Empezó bebiendo agua con whisky, después whisky con agua y terminó bebiéndose el whisky como si fuera agua. Su intachable y estrictamente estricta existencia comenzó a llenarse de agujeros.
Acabó enganchado a una botella de suero eterna e interminable. El resto fue más o menos lo de siempre en estos casos: un vaivén de medicinas, de máquinas de respiración artificial, de instrumentos de tortura en la antesala de la muerte. Murió un día gris de lluvia, aunque ya no recuerdo cuál. Su familia le ha llevado flores. Dos veces, creo.
Se le pasó la vida con tal rapidez que nunca tuvo tiempo de amar.
Chico normal y corriente, amante de las letras. Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado. Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza.
Me gusta mucho la televisión, leer y ver buen cine, aunque lo que me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. En este blog intentaré que haya de todo, aunque mi objetivo es utilizarlo como herramienta de liberación. No obstante, lo que escriba lo decidiré más tarde, pues todavía estoy dudando...