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La Coctelera

Cuando los árboles no dejan ver el bosque

Categoría: Paperback Writer

6 Noviembre 2010

Yo tampoco te espero

Caricatura de Francisco de Borja Esteban Costa

Ya está aquí, ya llegó. Benedicto XVI ha llegado hoy a Santiago de Compostela y pronto partirá hacia Barcelona con su inmenso séquito (cien personas, entre pitos y flautas) y su plétora de acólitos de misa de doce y latigazo en la espalda (la del prójimo, se entiende).

Personalmente, no estoy de acuerdo en que se reciba en loor de multitudes a un señor que representa a la institución más rancia, oportunista, cavernaria y arcaica de nuestro mundo globalizado. Qué quieren que les diga, alguien que ha ocultado sistemáticamente y de forma repetida los abusos de sacerdotes a niños no me merece ningún respeto. Más bien me provoca una profunda indignación y asco, además de una creciente pérdida de fe en la Humanidad. El hecho de que todavía haya millones de católicos que crean en el Papa es una señal grande y luminosa del mal signo de los tiempos, de que estamos perdidos, sin rumbo y en el lodo.

Pero ojo: tampoco quiero decir que "la única Iglesia que nos ilumina es la que arde". No. Creo en el laicismo y en la libertad de religiones. Al fin y al cabo, cada uno hace de su capa un sayo y aquí hay sitio para todos. También creo en el catolicismo bien entendido, en los curas de barrio que llevan las bolsas de la compra a las ancianitas y dan la chapa a los drogadictos para que vuelvan al redil, en los que van de Lezama a Montecarmelo, en las madres de familia que enseñan catequesis de forma voluntaria y se preocupan por educar a los niños para el futuro... en las buenas personas, en definitiva. Así a bote pronto se me ocurre un par de ejemplos de católicos insignes: Vicente Ferrer (que comenzó como misionero jesuita e hizo muchísimo por la India a través de su fundación) y Marino Ayerra Redín (que es mi cura favorito porque no se doblegó a ser un perrito faldero del Franquismo. ¡Vean La buena nueva! ¡Ya!).

Pero no creo en Benedicto XVI ni en el Vaticano. Toda la parafernalia a su alrededor me despierta una serie de sentimientos que van desde la desconfianza hasta las ganas de vomitar, pasando por la somnolencia, el hastío y la desesperación. Mi opinión sobre los obispos, arzobispos y curas de sotana, fajín y anillos de oro es tan desagradable que no se puede expresar con palabras (o al menos sin insultos). No odio a estos personajes, pero ganaríamos mucho si algún alto mando les obligara a reciclarse en misioneros de la palabra de Cristo de los de verdad, de los que se van al último país del Tercer Mundo y luchan por construir escuelas, acabar con el hambre y crear dignidad humana donde ya no queda. Aunque no sé por qué, me da la sensación de que más de uno pediría la cuenta y saldría echando leches si tuviera que ponerse a trabajar.

Me parece mal que entre la Xunta de Galicia, el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat y la Diputación se gasten casi 5 millones de euros en la visita de este individuo (total para qué, si de momento está defraudando las expectativas). Estos curas y su manía de ir a todos lados de gorra. Además, si tantísima gente está dispuesta a ir a ver al Santo Padre, pues que paguen una entrada como en los conciertos. La lógica -además de necesaria- es aplastante.

Sé que todo esto puede resultar demagogia barata, una soflama débil y discutible desde mil puntos de vista... pero no me importa. Ratzinger es la cara visible de un Estado responsable del encubrimiento de actos de pederastia, abusos a menores, apología del genocidio y otros delitos. La Iglesia a la que representa cada vez vive más ajena a la realidad en su particular cruzada contra todo lo que signifique avanzar y mirar adelante (un repaso rápido de temas pendientes: ETS, uso de preservativos, matrimonio homosexual, etc.).

Por todo ello, me sumo a lo que dicen muchos de nuestros vecinos gallegos y catalanes:

Eu nom te espero / Jo no t'espero

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11 Julio 2010

Días de fútbol y sueños

Abrió la puerta de la habitación con mucho cuidado, pues ya se sabe que las almas puras son poco amigas del estruendo.

Alguien (algún listo) había decidido pintar las paredes de rojo y amarillo macilento, como de plátano descuidado que queda en el fondo de la última caja de la frutería. Un haz de pelusas con olor a película del Oeste pululaba por el suelo con aires de reinona descontrolada. La iluminación era demasiado pobre: tan solo una diminuta televisión que emanaba un enfermo brillo azul hacia el sofá y la mesita, terriblemente inundada de latas de cerveza vacías y colillas a medio apagar.

Al fondo, una pequeña foto del pulpo Paul presidía una suerte de altar improvisado con velas gastadas y flores de plástico.

El muchacho permanecía quieto y callado, encajado en el sofá y atento con los cinco sentidos (y con su alma, y con su vida entera) a las acrobacias de Casillas y compañía. Lucía barba poblada, ojos apagados, frente obtusa y ceño fruncido. Un hilillo de baba luchaba a toda costa por gotear desde la comisura de sus labios y parecía que su bufanda de Ejpaña iba a cobrar vida de un momento a otro, de tan sucia y usada que estaba.

No se perdía ni un detalle de lo que pasaba en pantalla. Acompañaba leves movimientos de cabeza con el compás de sus pupilas perdidas tras cada uno de los movimientos del balón. Ella hubiera jurado que no pestañeaba ni respiraba, por lo que posó la mano en su frente sucia y empapada de sudor.

Sintió un escalofrío. Algo le decía que no debía penetrar de nuevo en su sagrado santuario de vuvuzelas y fanatismos gratuitos. Desde hacía casi un mes había disminuido su intolerancia futbolística hacía fronteras desesperadas que camuflaba con sonrisas condescendientes y copas de más. Al fin y al cabo, el Deporte Rey (fortunas desorbitadas y negocios turbios aparte) hace feliz a muchísima gente.

Se inclinó hacia él y olió su aliento de gritos de furor y nervios nunca apagados. No le quedó más remedio que darle un beso en la mejilla -al que obtuvo un gruñido inconcluso como respuesta- y desaparecer de un portazo, no sin antes desearle suerte a la Roja.

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7 Junio 2010

Suave brisa de cambio

A veces parece que la Humanidad da un pequeño paso adelante y ocurren buenas noticias que le hacen a uno recuperar la esperanza.

Tras numerosas protestas, el presidente de Malahui Bingu wa Mutharika ha accedido a "perdonar" la condena de catorce años de prisión y trabajos forzados a Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga. Estos jóvenes fueron detenidos a finales del año pasado por celebrar una fiesta en la que simularon una boda para reivindicar los matrimonios gays en un continente en el que la homofobia y la persecución homosexual están al orden del día.

Ni que decir tiene que el "perdón" ha sido una medida agridulce y tardía, pues lo justo hubiera sido una puesta en libertad inmediata que hubiera evitado torturas, cárcel y las "perlas" que soltó el juez cuando emitió su condena:

"Os voy a imponer una sentencia ejemplar para que el público esté protegido de gente como vosotros, y así nadie entre en la tentación de emular vuestro horrendo ejemplo. Quiero evitar que nuestros hijos e hijas copien este tipo de matrimonios que no encajan en nuestra sociedad"

Que el hombre es el peor enemigo del hombre es una verdad como un templo: no hay nadie más cuadriculado, intolerante, ni estúpido.

Y para muestra, un botón: el tal Mutharika ha declarado que liberaba a la pareja por razones "humanitarias" y que las autoridades no tendrían ningún reparo en volver a procesarles si no cambiaban de comportamiento.

En otras palabras: "esta vez os vais a librar porque tengo a toda la comunidad internacional comiéndome la oreja, pero andad con cuidado".

Una vez más, África se confirma como el peor lugar para ser gay, con la friolera cifra de 38 países en los que  se criminalizan por ley las relaciones entre personas del mismo sexo. Las sanciones van desde penas de cárcel hasta multas, castigos corporales y la pena de muerte. Igualmente ocurre en países como Irán o Arabia Saudita.

Nos vamos al pique sin remedio. Mi fe en el género humano se va deteriorando poco a poco, como las hojas de los geranios que nunca se riegan por pereza.

¿Qué hay de malo en qué dos personas del mismo sexo decidan hacer público su amor? ¿Tan terrible es querer a otro semejante? ¿A qué coño viene eso de las peras y las manzanas? ¿No era la homosexualidad un hecho socialmente aceptado en la antigua Grecia? ¿Quién tiene derecho a juzgar a nadie por su orientación?

Definitivamente, hay cosas que no entiendo. Ser homosexual, heterosexual o bisexual debería ser tan irrelevante como ser aficionado al tenis, al chocolate blanco o al ajedrez.

Vale. Aceptamos las pequeñas evoluciones, los tímidos vientos de cambio. Pero necesitamos un vendaval que barra la homofobia de una vez por todas. En las cabezas huecas, en las casas, en los colegios, en la calle y, sobre todo, en los diferentes sistemas legislativos (que hay algunos que dan mucho miedo).

Solo así podremos vivir en una sociedad un poco más justa, equilibrada e igualitaria.

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7 Marzo 2010

Food for Thought

Las pateras del Estrecho (Idígoras y Pachi)

Un día cualquiera, en un periódico cualquiera:

"55 inmigrantes han llegado en dos pateras a costas de Granada y Murcia este domingo"

"Interceptan una patera con 18 inmigrantes a 22 millas de la costa de Cartagena"

"Tres pateras con 63 inmigrantes llegan a costas de Granada, Almería y Alicante"

"Interceptada una patera con 14 varones de origen argelino frente al Cabo de Gata"

"Localizan una patera con 13 inmigrantes que llevaban siete días sin comer"

"Buscan una patera con 12 inmigrantes que llamaron con su móvil para pedir ayuda"

...Y así ad infinitum.

Es muy complicado entrar en consideraciones morales sobre este tema, más aún teniendo en cuenta que muchísimos inmigrantes ilegales se juegan la vida al cruzar el Estrecho en busca de una vida mejor. Entran en juego multitud de sueños, ambiciones y esperanzas. Por tanto, se trata de equilibrar la balanza entre dos mundos totalmente opuestos: la miseria y natural ansiedad de salir de ella a toda costa y la imposibilidad burocrática de país medianamente desarrollado con un mercado laboral en declive. A ello le sumamos la repugnantes actitudes xenófobas y sus malditos "España para los españoles" y ya la hemos liado. Me gustaría saber a mí qué haríamos aquí si (como ya pasó, pregunten a sus abuelos o vean Vente a Alemania, Pepe de Pedro Lazaga, esa ingenua dramedia del landismo tardofranquista) no tuviéramos ni para comprar tabaco. A ver si no emigrábamos a toda leche.

Vengo dándole vueltas al asunto desde que ayer vi Retorno a Hansala (Chus Gutiérrez, 2008), una película sin más pretensiones que promover la reflexión sobre la inmensa cantidad de vidas rotas por la fiereza del mar en viajes imposibles a falsos paraísos como España. Sin entrar en profundidad en consideraciones sobre las virtudes cinematográficas del film -que las tiene-, diría que, al menos, provoca que el espectador se quede con un nudo en el estómago. Y eso, en esta sociedad de comodidades superfluas y problemas gravísimos (¡ayer me quedé sin internet!) es todo un logro.

Imagen de "Retorno a Hansala" (Chus Gutiérrez, 2008)

Retorno a Hansala habla sobre viajes, pero desde un punto de vista novedoso: qué ocurre con los que mueren, cómo vuelven, qué se hace con ellos. Con este fin, se narra la historia de la repatriación de un cadáver desde la perspectiva de su guapísima hermana (Farah Hamed) y un atribulado funerario español (José Luís García Pérez). Ya de paso, se tocan temas como la extrema situación de pobreza en Marruecos, el execrable negocio de los viajes en patera, el fuerte sentimiento de comunidad de la sociedad musulmana, sus costumbres y la terrible necesidad de escapar una vida de pobreza y dificultades. Todo con pulcritud y algún toque de tensión sexual no resuelta que, sinceramente, sobra, pero no molesta.

De un modo mucho más fantasioso -pero no por ello menos filedigno-, El viaje de Said (Goya 2007 al Mejor Cortometraje de Animación, dirigido por Coke Rioboo) nos sumerge en la peor travesía hacia la Tierra Prometida, poniendo el dedo en la llaga en nuestras mayores culpas: papeles sellados que rigen vidas y destinos, empresarios desaprensivos y aprovechados, fuerzas del orden intolerantes que enmarañan y no ordenan nada, políticos incompetentes de yate en Marbella y mireusté y racismo a raudales en la gente de la calle con el tan socorrido emblema "yo no soy racista, pero..."

El pequeño Said nos da una lección de humildad en un extraño sueño que a mí me deja patidifuso. Estamos ante una una obra maestra muy, pero que muy recomendable, especialmente para enseñar a los niños a reflexionar, como se nos muestra en esta estupenda ficha didáctica elaborada por Alberto Olivar Giménez.

En la misma línea, es recomendable echar un vistazo a La aventura de Saíd (Josep Lorman, 1996) un librito de corte juvenil que mis padres me regalaron cuando contaba catorce años. Cuenta la historia de Saíd, un joven marroquí que lo deja todo para comenzar una nueva vida en Barcelona. Pronto se dará cuenta de que España no era cómo le habían contado y que ni siquiera la justicia está de su parte. La historia refleja de forma tremendamente realista el difícil proceso de integración de los marroquíes en nuestro país y las acciones violentas de los skins, en contraste con la ayuda de algunas personas (no seamos maniqueos: no todo el mundo es malo) y de asociaciones como S.O.S. Racismo. Lorman, un geógrafo barcelonés que ha trabajado como guionista y técnico cinematográfico, lo dedica a "todos aquellos que, como Saíd, se lanzaron a la aventura de emigrar y sólo hallaron hostilidad y desprecio".

Que quede claro que no pretendo dar lecciones sobre nada aquí, cada cual que piense lo que quiera. Sin embargo, creo que es buena idea pararse un poco a pensar e informarse. Afortunadamente, el panorama audivisual español está, cada vez más, haciéndose consciente de este problema (por ejemplo, por ejemplo y por ejemplo) y hay muy buena literatura al respecto (aquí se nos habla de algunos títulos que quizás valga la pena conocer). Al menos, para hacerse una idea y no ir por ahí diciendo tonterías. Digo yo.

Yo hice el viaje como tú, a la Tierra Prometida.

La luna estaba sin luz, el mar se tragó mi vida.

Las esperanzas hundidas, los proyectos truncados,

las ilusiones vencidas, todos los sueños ahogados.

El mar es caprichoso,

si no lo cruzas pronto,

te manda rápido al fondo, te manda al fondo...

(El Viaje de Said, 2007)

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17 Enero 2010

Paraíso hundido

Un bofetón de realidad. Un reproche. Una ostia sin mano, que nunca viene mal. Miles de pensamientos inconexos que cobran sentido por primera vez. Planes que nunca salen porque no hay voluntad ni ganas, proyectos que se quedan estancados en los cajones del olvido, vidas que se cruzan sin apenas confluir en nada, dolorosas palabras pronunciadas despacito y con mucha más dulzura de la que merezco.

Demasiadas emociones en un mismo día. Apoyada en una esquina del pequeño saloncito de nuestra minúscula vivienda, me miras con reprobación y sorna. Arrojas con desdén tu media sonrisa enigmática, casi hipnótica.

Me quiero morir o me quieres matar, no me queda claro.

Tus silencios son el mejor argumento, quién sabe si la mejor medicina. Dejas que me explaye en titubeos atolondrados, que explique racionalmente todos y cada uno de los puntos que configuran mi universo. Miras a un lado y a otro como si fueras a cruzar la calle. Se intuye mucha paciencia en tu mirada y mucha sabiduría en tus manos.

Entonces ocurre. Un refrescante jarro de agua fría sofoca nuestro calor y el planeta se detiene solo por nosotros.

De repente, un pequeño temblor sacude el cristal de la ventana, apenas perceptible bajo nuestras renovadas pasiones. En cuestión de un segundo, las paredes comienzan a desquebrajarse y el miedo espolea nuestras conciencias y nos empuja al suelo, cogidos de la mano. Jamás me has apretado contra tu pecho con tanta vehemencia. Y yo termino por darme cuenta de que no quiero, no puedo y no debo vivir sin ti.

Una vez más, la suerte se alía con nosotros y conseguimos escapar del viejo edificio de ladrillo frágil y color tropical antes de que el cielo se cierna sobre nuestras cabezas. El fin del mundo ha llegado y de qué manera.

Nos fundimos en uno, ahogados en un mar de lágrimas e impotencia.

Desesperación y muerte por todos lados. Gritos, miseria, dolor... el Mal lanza graznidos y sonoras carcajadas, divertido ante el tremebundo espectáculo de la destrucción letal del entorno.

Es imposible hacer un cálculo estimado de todos los que se han ido para siempre. Cincuenta mil, cien mil, doscientas mil. Los cadáveres se acumulan en las calles y la violencia de los saqueos ha sumergido al país en una oscuridad frenética, espesa, indescriptible. Vidas arrancadas de cuajo, familias enteras desmoronadas, ausencias que nunca se cubrirán. Ya no hay destino, ni queda un "nosotros", ni un "ellos". Todo se ha ido al garete.

******************

Y ahora, más que nunca, se necesita ayuda. Mucha ayuda. Toda la del mundo. Podemos quedarnos en nuestra poltrona de país desarrollado o aportar nuestro pequeño granito de arena. No olvidemos que este paraíso ha estado siempre sumergido en el olvido institucional, hundido en el mayor ostracismo de país turístico para ricos acartonados.

Habrá mucho curilla sabihondo que hable sin saber (mucho tonto suelto es lo que hay, sí) e iluminados que prefieran enriquecer a los archiriquísimos en lugar de emplear sus fortunas en la reconstrucción de un país que ya no existe.

Pero eso no debería importarnos, porque la vida es un derecho y no un privilegio.

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6 Diciembre 2008

30 añitos de nada

Soy un animal de costumbres. En el colegio me acostumbré a escribir redacciones, hacer murales, exposiciones y demás tonterías profundamente pedagógicas que formaron en mí un deber que cumplir cada 6 de diciembre: el de rendir tributo a nuestra Constitución.

Cada año lo hago de forma diferente, eso sí. La mayoría de las veces me basta con darle un repasito por el capítulo de derechos, deberes fundamentales y libertades públicas. Es sin duda el más divertido y el que más orgulloso me hace sentir, especialmente, cuando se hablan de deberes. Ya se sabe que a todos nos gusta tener muchos derechos y olvidar por un momento las obligaciones.

No quiero escribir un post teórico y profundo que explique nuestra Carta Magna porque sinceramente, creo que ni viene a cuento, ni hace falta. Para eso ya está la Wikipedia. Tampoco quiero recordar las difíciles circunstancias en las que se dio lugar, ya que nací en plena democracia y lo cierto es que no podría decir nada que ya no esté contado.

Sí que me parece oportuno señalar (y esto es una opinión meramente personal) que quizás sería necesario introducir algunas reformas. Han pasado ya 30 años desde que se aprobó y la sociedad de entonces no es la de ahora. Ahora tenemos a una infantita que se llama Leonor que a lo mejor un día tiene que acceder al Trono. También un Senado que debería renovarse de algún modo para ser más útil para la ciudadanía y algunas cuestiones pendientes como la Constitución Europea y la denominación de las Comunidades Autónomas. Y, sobre todo, tenemos un sistema judicial que no hay por dónde cogerlo. Nadie se fía de la Justicia en España, y eso es bastante grave. Sé que puedo pecar de superficial, pero es que parece que no hay mucha diferencia entre las condenas por robar aves de corral y robar a toda Marbella (*1)

Desgraciadamente, el fantasma del terrorismo que asola nuestra democracia plural, constitucional e intercultural -si me apuran- extiende su negra sombra sobre la celebración del aniversario que hoy nos ocupa. Un problema de díficil solución que hemos de afrontar con cordura, solidaridad y paciencia, junto a la renovación de los puntos problemáticos de la Carta Magna. Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. (*2)

No obstante, hemos de felicitarnos por tener en casa este (joven y aún imperfecto) librito que sienta las bases de una democracia respetada y respetable en todo el mundo. Como diría mi vecinita, flamante estudiante de 1º de Psicología recién salida de la LOGSE:

Feliz cumple, Consti, tía.

Y que cumplas muchos más. Y que sepas envejecer y adaptarte a los tiempos que corren.

(*1) Parece literalmente imposible contabilizar cuánto dinero ha robado este sinvergüenza, así cómo calcular el número de años de cárcel que debería cumplir. Pero lo cierto es que come en casita, va a la tele y le pagan un dineral. Y nosotros lo vemos, lo que es aún peor.

(*2) La mejor frase para terminar uno de los mejores libros juveniles de la historia. Me moría de ganas por utilizarla.

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5 Noviembre 2008

Yes, they could

Ganó Obama, el primer presidente de color (negro) de la historia. Y hoy parece que hace un poco menos frío que ayer.

La victoria ha sido brutalmente arrolladora: el demócrata ha contado con el voto de Estados decisivos como Florida, Pensilvania, Ohio y California; además de con el apoyo de buena parte de los Estados del este del país y del Distrito de Columbia.

Lo mejor de todo es que los estadounidenses han ido a votar en masa, lo cual demuestra que este cambio ha sido buscado y sobradamente merecido. Ya era hora de que las cosas pintaran bien para el país de las oportunidades (y ya se sabe que si el líder va a mejor, los demás borreguitos también).

Se va por fin el presidente más inepto de la historia de los EE UU, ese que nos metió en una guerra para enriquecerse y al que le gustaba poner los pies en la mesa junto con su gran amigo Ánsar. Quizás podría retirarse junto a Patatas McCain y la paleta esa que se parece a Tina Fey y montar un rancho todos juntos, en plan familia feliz. Por soñar, que no quede.

Por fin se atisba un poco de luz, un rayo de esperanza que confío contribuya a diluir esa férrea nebulosa neoconservadora que viene asolando la política occidental desde hace años. Espero que el ansiado cambio llegue de una vez y que Obama y su equipo lo hagan posible. Que su ambicioso programa político sea una realidad y que dé marcha a proyectos concretos para solucionar la crisis económica y política. Que la clase media y trabajadora se vea pronto beneficiada por su gestión. En definitiva, que no defraude a sus votantes, ni a los que nos cae bien. Y que no se haga el remolón y les compre el perrito a sus hijas, que lo prometido es deuda.

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31 Octubre 2008

Pifias Reales

Viñeta de Manel Fontdevila publicada en "Público" (31/10/2008)

He de reconocer que hasta hace poco la reina Sofía me caía bastante bien. Me parecía una magnífica embajadora de nuestro país en el extranjero, pues la veía tan arregladita, tan recta, tan sabia y bondadosa con los desfavorecidos, que me parecía incluso irreal. Siempre sonriente y radiante, siempre en su sitio. Y sobre todo, siempre tan callada.

Nuestra Reina (la de todos los españoles, se entiende) ha salido a la palestra mediática gracias a unas desafortunadísimas declaraciones que Pilar Urbano recoge en su última biografía titulada "La Reina, muy de cerca". La Casa Real ya se ha apresurado a desmentir tales perlas, aunque parece que la cosa va para largo. Se argumenta que tales afirmaciones son "inexactas" y que, en todo caso, pertenecen al ámbito privado de la Reina en sus conversaciones con la veterana periodista. No obstante, la Urbano insiste en que la Casa Real autorizó su libro. Sea lo que sea, en menudo lío se ha metido la monarquía y menudo coñazo nos espera en las teles.

Leo en el diario "Público" algunas de las meteduras de pata y la verdad es que alucino pepinillos. Estas son, a mi juicio, algunas de las peores:

Candidatura de Barack Obama. "Más que partidaria de Obama, me siento muy satisfecha por la posibilidad de que un negro pueda llegar tan alto. [...] Poner en unas manos negras tantísima responsabilidad. Eso ya me parece un triunfo".

¿Qué es eso de "la posibilidad de que un negro pueda llegar tan alto"? ¿Aún estamos con ésas? Lo que sí que me parece un triunfo es que todavía alguien pueda decir algo así y quedarse tan ancho. Obama representa el cambio necesario para los Estados Unidos y, digo yo que dará igual que sea negro, chino, blanco o café con leche ¿no? Ya es hora de pasar página y dejar atrás los prejuicios raciales.

Matrimonio homosexual. "Si [los gays] quieren casarse, pueden estar en su derecho [...], pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es".

No, si ahora va a resultar que toda la problemática en torno al matrimonio gay se reduce a una mera cuestión terminológica, ¿dónde está la R.A.E. cuando se la necesita? ¿Algún académico en la sala?

Violencia de género. "Ha ocurrido siempre [...] Ahora se informa más y con todo detalle. En cierto modo, se provoca un contagio, se dan ideas que otros imitan. Los que son propensos a la violencia tienen un filón en esas noticias".

Pues bueno, no difiere mucho de la opinión que tiene mucha gente que conozco y que no tiene ni puta idea de lo que es la violencia doméstica. Hay que informar para prevenir, aunque sin regodearse (cosa que, en vista a lo que se ve en la televisión de hoy, me atrevería a afirmar que se hace). Da la impresión de que esta señora frivoliza sobre un tema tan serio, sin darle demasiada importancia. Además eso de que "ha ocurrido siempre" me parece una justificación muy pobre para argumentar que este problema no tiene solución.

Asignatura de religión. "En los colegios se ha de enseñar religión, al menos hasta cierta edad. Los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida".

¿Para eso no están ya las ciencias naturales, la biología o ese híbrido sociales-naturales horriblemente denominado "Conocimiento del Medio"? ¿O es que de verdad venimos de Adán y Eva?

La Reina se muestra también contraria a la eutanasia y al aborto, algo muy respetable si no fuera porque se supone que debe mantener una posición neutral. Para más inri, afirmar que "hay que respetar a toda criatura viviente, a toda criatura que ha empezado a vivir" se me antoja un poco inoportuno ahora que se plantea una reforma de la ley que regula el aborto.

En fin, me siento decepcionado, con lo simpática que parecía doña Sofía. Ya se ha armado bastante revuelo mediático, a ver en qué termina la cosa al final. Probablemente todo se olvide pronto, pero de fondo quedará una institución caduca y anticuada que parece que no sabe adaptarse a los tiempos que corren.

En fin, digan lo que digan ahora, la imagen de la monarquía española se va a ver seriamente dañada y muchos ya están afilándose uñas y colmillos. Otros seguro que estarán frotándose las manos ante los suculentos beneficios que les va a reportar la dichosita biografía de marras...

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Solo soy un letraherido más, amante de todo lo que tenga que ver con la palabra escrita.

Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado.

Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza. Ladro mucho, pero no muerdo.

También me gustan mucho la televisión y el buen cine, aunque lo que realmente me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

En este blog intentaré que haya de todo, aunque no puedo prometer nada. El objetivo principal es utilizarlo como herramienta de liberación, como vía de escape de mis penas y espejo de mis alegrías. No obstante, todavía no he decidido sobre qué escribir. Mejor me lo pienso más tarde, pues todavía estoy dudando...

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