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Terra
La Coctelera

Cuando los árboles no dejan ver el bosque

Categoría: The Sound of Music

1 Junio 2010

Diez canciones de amor para un viaje breve

"Tócala otra vez, Sam"

Todos mis amigos (y conocidos que aún no me han retirado el saludo) saben que tengo una tendencia muy pronunciada al meloserío musical. Esto es algo que me viene "de serie" porque me crié escuchando a los Beatles, Mecano, Whitney Houston, Amistades Peligrosas, Serrat y José Luis Perales, entre otros. Afortunadamente mis padres son unos grandísimos aficionados a la radiofórmula y me han pasado el testigo. De hecho, la amplía mayoría de mis despertares infantiles fueron a golpe de Cadena Dial y su sempiterna música en español.

Más tarde, en la bendita adolescencia, quise ser un rebelde guay y me puse a grabar como un loco las canciones "del momento" de los 40 principales. También compré mis primeros CDs en aquella época. El primero de todos: Jagged Little Pill (1995), de Alanis Morissette. No es, precisamente, un disco demasiado almibarado. De hecho, trata el desengaño amoroso de forma bastante bestia para un niño inocentón de once años. Pero yo compaginaba Alanis con las Spice Girls (si quieren cursilidad musical precocinada y fácilmente digerible, escuchen esto) y me quedaba tan pancho.

Para mí, la música romántica es como una especie de cajón de sastre en el que tienen cabida sensaciones, recuerdos y hasta olores. Cada melodía evoca algo (no obligatoriamente dulce o agradable) y revivir un momento es tan sencillo como buscar la canción adecuada en el momento necesario. Abrir los oídos, cerrar los ojos y escuchar.

A continuación, voy a presentar diez canciones mágicas ordenadas de menor a mayor efecto. Podrían ser cien, e incluso mil si tuviera tiempo. No todas son excesivamente conocidas y sospecho que no gustarán a todo el mundo, pero a ver. Para gustos, colores.

Todas abordan, desde diferentes ángulos, el sentimiento universal que andamos buscando constantemente. Personalmente, prefiero mil veces las que versan sobre desengaños amorosos: las entrañas de la rabia son buenas consejeras a la hora de componer.

No sé si me las llevaría a una isla desierta, pero no se me ocurre mejor compañía para un viaje breve, como el trayecto de la casa al trabajo o a la universidad, al instituto o incluso a la escuela (¡tenemos que educar musicalmente a nuestros menores!)

Espero no provocar una hiperglucemia a nadie.

10) Los años que nos quedan por vivir (Los Lunes, 2006)

Santa madre. ─ Niño, haz el favor de dejar de picotear, que vamos a almorzar dentro de poco.

Hijo parásito. ─ Escucha mamá, sale la canción que te gusta tanto. Ya sabes, ésa que parece antigua, pero que no lo es tanto, según el señor Spotify.

Santa madre. ─ Dale voz.

(...)

Santa madre. ─ Maldito, ¡te has comido todo el jamón!

9) Crush (Jennifer Paige, 1998)

Adolescente feo y lleno de granos. ─ Qué ojos más bonitos tienes.

Adolescenta inasequible. ─ Déjame en paz.

Adolescente feo y lleno de granos. ─ Podríamos quedar un día para ir al cine, o...algo.

Adolescenta inasequible. ─ Déjame en paz.

Adolescente feo y lleno de granos. ─ ¿Me dejas, al menos, que te observe con ojos melancólicos y suspire como si me faltara el aliento cuando te miro, cuando te siento?

Adolescenta inasequible.─ (Levanta la mano). Doña Carmen, ¿me puedo cambiar de pupitre?

8) A tu lado (Los Secretos, 1995)

─ ¿Que escribes?
─ Una carta a los reyes magos.
─ ¿Y qué les pones?
─ Que nos devuelvan la vida.

("Báilame el agua", película que hay que ver para comprobar que, de vez en cuando, se hacen cosas buenas en nuestro cine. Y uno de los pocos casos en los que la adaptación cinematográfica iguala a la novela. He dicho.)

7) Always (Erasure, 1994)

Poco antes de la fiesta de fin de curso, un niño queda fascinado por el poperismo desmesurado de un señor vestido con kimono y casco que canta en un videoclip un tanto extraño. Como tiene la retentiva de un pez de agua dulce, no se queda con el nombre del grupo. Escucha la canción alguna vez en la radio, pero siempre de refilón y a medio empezar. Tampoco vuelve a coincidir con el vídeo.

Pero el estribillo siguió sonando en su cabeza, insistente, como el eco reverberado de las campanas de la misa del gallo.

Años más tarde, San Google le enseña el camino de la verdad y el niño (ya adulto, aunque con las mismas tonterías) todavía está dando saltos de alegría por el redescubrimiento.

6) No me canso (Carlos Chaouen, 2004)

El cuarto más desordenado del mundo: recortes de periódicos, revistas de "El Jueves", libros, apuntes, diccionarios abiertos, ceniceros llenos, una mancha de café en la alfombra.

Un joven estudiante intenta desentrañar los entresijos de los tesauros, las bases de datos terminológicas y el formato de las referencias bibliográficas. No separa la vista de los papeles, apenas ve más allá de la montaña de legajos subrayados.

Tiene mucho sueño. Enciende un cigarro (ya se siente mayor e independiente, aunque sus padres le pagan el alquiler y le dan dinero todas las semanas) y enciende la radio. Carlos Chaouen no se cansa de quitarse el sombrero, a lo que el joven asiente con la cabeza, llevando el compás con los pies.

Pronto comenzará el verano de su vida.

5) X-Static Process (Madonna, 2003)

Indeciso torpe y desgarbado ─ Madonna, cuando se pone intensa, tiene canciones bastante buenas.

Mujer sabia. ─ Sí, es genial.

Indeciso torpe y desgarbado. ─ Tiene una canción que me encanta, aunque... joder, hay qué ver qué tía más creída. ¿Pues no que va y dice que ella es tan guapa y talentosa como el tío al que ama?

Mujer sabia. ─ Pues por eso mismo es genial.

4) Esta es la historia de un amor (Mecano, 1984)

─ ¿Sabías que el año en que nacimos Mecano sacó una canción preciosa sobre una historia de amor?

11 días, 3 cenas fallidas y 2 discusiones dramáticas más tarde, esta canción pasó de ser una profecía a un recuerdo simpático.

Qué bonita es la vida y qué buen tino tiene a veces.

3) Total Eclipse of The Heart (Bonnie Tyler, 1983)

Llevan casados más de treinta años y aún siguen bailando juntos.

Me escondo detrás de la puerta, quiero ser invisible. Mi padre me ve, me guiña un ojo y me indica -mirada pícara mediante- que lo mejor que puedo hacer es irme a tomar viento fresco.

Vale la pena volver a casa de vez en cuando.

2) Romper (Luis Ramiro, 2009)

Hace un calor que se desmayan las moscas. Vivo en zona hostil y no me atrevo a salir de mi minúsculo aposento por miedo a que alguien me asesine de una mirada.

No obstante, tengo un buen libro, suena esta canción y acabo de comenzar una nueva aventura en la que aún estoy enfrascado.

Hay miedo, sí. Pero también ilusión y esperanza.

1) No Good For Me (The Corrs, 1998)

Viaje a la playa en un viejo Talbot Horizon.

Dos niños se pelean en el asiento trasero del coche por un walkman. En realidad tienen dos, pero luchan por el que más mola: el que es reversible. Tras patalear y forcejear como un salvaje, el pequeño se hace con el aparato y se dispone a saborear su victoria, altivo e inmoral.

Aún no entiende la letra, pero comprende que Andrea Corr está sufriendo mucho. No para de tararear la cancioncita y la asocia a todo lo bueno del mundo: despertarse de la siesta en la playa, el helado de chocolate negro, las mil pelas que le da su padre sin motivo aparente.

Han pasado los años y sigue canturreando lo mismo.

(Manel F & Monteys. 2004.¡Para ti, que eres joven! Las letras de las canciones. El Jueves, nº 1407, 12/05-18/05-04)

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28 Febrero 2010

Life is a Cabaret

Lunes, 8.00. de la mañana. Ya es de día y las personas de bien deben levantarse, darse un poco de prisa e ir al trabajo. Remoloneo un poco más en las suaves sábanas de franela con dibujitos de flores que mi Santa Madre me regaló no hace mucho. Estoy calentito, la luz entra a jirones por mi pequeña ventana y las frases hechas agolpan mi cabeza: "mierda de vida, con lo bien que estoy yo aquí", "la felicidad es esto y el trabajo ni es salud, ni porras".

Muevo la cabeza hacia un lado y me quedo mirando a la puerta como atontado, esperando a que algo ocurra. De repente empieza a salir humo por todos lados y yo, lejos de asustarme, me acomodo aún más en mi lecho.

Una jovencísima Ana Torroja aparece de un ¡chás! en mi desordenada habitación y comienza a darme el coñazo con una canción que adoro y detesto al mismo tiempo:

Me levanto con muy mala leche y le pido que coja a los hermanos Cano y se vayan los tres por dónde han venido, que me están llenando el dormitorio de humo de barraca de feria. Muy dignos, desaparecen, no sin antes recordarme que lo mi resaca es culpa del champán, burbujas que suben y después se van...

Enciendo el ordenador mientras me visto y (seguramente ya lo haya dicho antes, pero Dios te bendiga, Youtube) y un estrambótico Hugh Grant con pelo largo y camisa de puñetas me saluda, socarrón y desenfadado.

Definitivamente, parece que hoy me he levantado en 1981

Tras un rápido y frugal desayuno, bajo corriendo las escaleras del edificio desaliñado y con barba de tres días. La mujer de la limpieza y la vecina del bajo me saludan con desgana. Gracias a mi orejas supersónicas, las escucho cuchichear: es un Don Nadie, un señor de ninguna parte, que vive en su mundo y que hace planes para nadie...

Pero la venganza es un plato que se sirve frío (o eso dicen). Por ello no dudo en lanzar un silbidito para que aparezca mi Dragón de la Suerte. El pobre, que todavía conserva su majestuosa pose y no se parece al perro blanco de trapo que salió en el cine, está un poco viejecito y sordo, por lo que me tengo que desgañitar como un loco. ¡¡Fújur!!, ¡¡Fújur!!, ¡¡Que no llego a mi Gran Búsqueda!!

Las dos cotorras me miran, medio pasmadas, con un mezcla de desaprobación y lástima. Entonces aparece él, tan hermoso y afable como en el libro. Aterriza con elegancia y profesionalidad justo enfrente del portal, como una nave espacial recién salida de la fábrica.

- Ea, vámonos. Gracias por venir, Fújur. Señoras, con Dios -para más chulería, me quito un sombrero imaginario ante ellas.

- Adios, niño -responden en tono de desprecio para disimular el sofocón.

Me subo en el lomo de Fújur de un salto y mi infancia y Limahl se dan la mano una vez más.

La mañana en el trabajo transcurre plácida y lenta, como corresponde a los fríos días de invierno en los que la lluvia dejó de ser una novedad. Caras serias, ceños fruncidos, gestos de concentración fingidos en la pantalla. Definitivamente, no parece ser un buen día para un musical.

Pero, gracias a Dios (o Buda, Jehová o al Espaguetti Volador, qué más da), el ser humano no es perfecto y siempre está cavilando algo. Justo a mi lado, una señorita mulata muy guapa se lamenta enormente por su mala suerte. Dice ser el Rey (la Reina) de la Pena y está inmersa con todas sus fuerzas en una estresante lucha para seguir adelante. Quiere hacerme una sopa que me caliente el alma... y ante tal gesto, no puedo evitar llorar como un niño pequeño.

A pesar de estar totalmente destrozado y patidifuso, intento titubear torpes palabras de consuelo. Pienso en las cosas más bonitas del mundo, pero todas palidecen ante tal desánimo. Solo se me ocurre una idea: esto hay que arreglarlo, hay que actuar. No podemos pasarnos la vida llorando, no es justo para nadie. Justo entonces mi cerebro hace una rara conexión: infancia feliz --> dibujos animados de Belle et Sebástien --> grupo escocés medio indie con el mismo nombre.  Como leí una vez por ahí, una banda que toma su nombre de unos cuentos infantiles sobre un chiquillo y un perro (en los que se basan los dibujos), no puede ser mala. Totalmente cierto: la ranita divertida nunca falla.

Si a alguien se le ocurre una combinación más tierna y adorable, por favor, que se ponga en contacto conmigo.

Tras la pegadiza melodía, mi nueva compañera de trabajo alegra la cara y me llena la cara de besos. Estamos llegando al momento romántico del musical y me temo lo peor porque no tengo ni idea de cantar. Por suerte, el resto de la gente que nos rodea (compañeros de trabajo, el de las fotocopias, la limpiadora, la recepcionista, el cartero, uno que pasaba por allí con un café), comienza a entonar una de las tonadillas sobre besos más simpáticas que conozco.

Por fin toca la diana: es el momento de salir a la calle y comenzar a vivir. Alguien activa el fast forward y salimos todos corriendo como en las películas de Chaplin. El suelo queda inundado de papeles, bolígrafos, libretas y calculadoras rotas. Apenas queda nadie en la oficina... solo dos solitarios. Dos pobres hormiguitas que se quedan recogiendo el desastre, apenados por no haber podido participar en la escena anterior. El chico de las fotocopias y una de las administrativas, una chica tímida de ojos marrones. La típica que vive con un gato y escucha a Édith Piaf y Chavela Vargas. Como no podía ser de otra forma, se cruzan las miradas y qué carajo, se proponen vencer la soledad cantada por Sabina.

Por mi parte, me reúno con un viejo amigo a tomar un café que ya se ha convertido en toda una tradición. Para cambiar la rutina y demostrarnos lo guays que nos hemos vuelto, hemos quedado en un garito pretendidamente cool, con sofás de diseño y esas cosas. Ya saben: café frío, camarero popero de gélida mirada y facturón alto (pidas lo que pidas). Pero no todo va a ser malo - de fondo, suena una de las bandas sonoras que más buenos recuerdos me trae de mis viajes a Francia. Corresponde a la banda sonora de una película un pelín infumable, pero a que mí me sigue conmoviendo por su música, por lo bien rodada que está y por lo tonto que es el protagonista.

La conversación transcurre a trompicones y sigo pensando igual que hace un par de años: es bueno llevarse por la nostalgia, pero no tan a menudo. Recordar duele. Y eso que esta bitácora se alimenta principalmente de experiencias pasadas y ciertas entradas son como la caja de Pandora para este indeciso, pero a ver... las contradicciones son la sal de la vida, dicen por ahí. Una vez más, mi amigo y yo hablamos, hablamos y hablamos y no quedamos en nada. Ni rastro del ingenio y las palabras reveladoras de hace unos años. En fin, habrá que admitir que hay llamas que nunca volverán a encenderse y conformarse con los pedacitos del ayer, aquellas fotos de cuando éramos (más) jóvenes.

Salgo del lugar y la melancolía, la desazón y yo somos uno. Camino lentamente, a la espera de la canción lentísima de todo musical. Me siento desgraciado, tirado como un perro en la mitad de la autovía. Sobre todo estoy frustrado porque nunca obtengo lo que quiero cuando lo necesito... especialmente de mis amistades. Si por mí fuera, todo sería igual que antes. Parado en mi mitad de la acera, cigarrillo en la mano y nubarrones de tormenta, comienzo a escuchar ecos de la guitarra de Johnny Marr. Parece ser que sí, que ahora no me libro... maldita mala suerte la que tengo, que puede hacer que un buen hombre se haga malo.

Afortunadamente, la catarsis musical termina mucho mejor de lo esperado: me quedo más ancho que pancho y con unos flamantes 1,55 € de los transeúntes. Quizás debería plantearme que mi vida fuera un musical más a menudo, aunque sospecho que el que cantaba no era yo. Básicamente porque mi voz sonaba demasiado profesional e impostada, como si la hubieran "arreglado" ya en la mesa de mezclas de algún estudio discográfico.

Vuelvo a casa, dispuesto a estar un rato repantigando en el sofá frente a la televisión. Resulta que hoy, además de ser el Día de Andalucía (¡Felicidades! - y sí, sé que es domingo y este relato sucede en lunes, pero es que los musicales son así de surrealistas), David el Gnomo cumple 25 años. Vamos, exactamente cumple 425, ya que murió (snif) con 400. Jodío gnomo, que provocó que mi hermano y yo nos cogiéramos una rabieta del quince cuando se convirtió en árbol.

Niños del mundo: nadie es mejor por ser más grande

Exhausto por la tremenda carga de melancolía que ha traído la jornada, me acuesto en silencio, no sea que empiece otra canción. Me asomo a la nevera, pero me acojono al ver que las salchichas y el jamon de york están escribiendo una "Oda al microondas" con acordes de guitarra. Nada, esta noche no ceno.

Esto ha sido más cansado que el capítulo musical de Buffy, el único que he visto en serio y que me encanta. Tapadito hasta las cejas, se me ocurre pensar que la vida es un cabaret y que menos mal que he salido a la calle en lugar de quedarme sentado en mi habitación. Y, de nuevo desde mi cama, presencio uno de los mejores números musicales que existen.

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31 Diciembre 2009

B.S.O. de mi Navidad

Aprovechando el silencio que otorga la noche lluviosa y que todo el mundo está ya en el séptimo sueño, me escapo un segundo de mis obligaciones de buen hijo, mejor sobrino e inmejorable nieto, para dejar constancia aquí de la Banda Sonora Original de mi Navidad (cosecha de 2009-2010).

Se llama Samson y es una hermosa balada de Regina Spektor que alguien muy especial me recomendó hace un par de días (los mismos que llevo destrozándola en continuo bucle obsesivo). Mi familia me ha echado de casa y mis más queridas amistades no me abren la puerta, tan cansados como están de mí (bueno, vale, puede ser porque no me conformo con desmoronar canciones ajenas: más bien emito sonidos guturales similares a multitud de gatos magullados tocando una guitarra española sin afinar, a la que además le faltan dos cuerdas).

Estoy enamorado de esta canción. Por dulce, triste y melancólica. Porque habla de amor desde la pena y está abierta a todo tipo de interpretaciones. Porque me encanta cuando alguien juega inteligentemente con una historia, al límite de desbordar la metáfora desde la poesía y el buen tempo. Y porque soy un sentimental, qué le vamos a hacer.

Espero que os guste.

Dios mío, qué ojazos.

Por cierto, Feliz Año. No olvidéis hacer el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás.

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13 Diciembre 2008

Un poco de alegría

Esta chica es todo un descubrimiento. Se llama Amy MacDonald, tiene 21 años y un disco que se llama This is the life. Además, es escocesa y guapísima, por lo que me gusta aún más. Qué ojazos, dios mío.

Tiene voz adulta, nada que ver con las muchas petardas que asolan el panorama musical y canta con alegría y desparpajo. En ocasiones recuerda a Dolores O'Riordan (The Cranberries), pero menos bestia y, por supuesto, menos proclive al gritito superfluo.

Llevo una semana escuchando el disco al menos una vez al día y no puedo evitar ponerme a simular que toco el piano con el teclado del ordenador. Que el hecho de escuchar unos acordes de guitarra me induzca a cometer tonterías de este tipo dice mucho sobre mi salud mental, pero, con su permiso, pasaremos ese detalle por alto.

Esta canción tiene una hermana, Poison Prince. Aquí el tono de la letra cambia y Amy destila picardía y mala leche:

Who said life was easy,
Who said life was fair,
Who said no one gives a dam,
And no one even cared
.

Pero tienen un ritmo parecido y ambas se complementan a la perfección. Yo, de momento, no puedo dejar de canturrearlas.

Recomiendo escuchar ambas seguidas antes de afrontar el día, bien pronto. Con café y legañas. A esas horas en las que todo parece negro y cualquier tontería puede torcer la jornada.

A mí me dan una inyección de optimismo sublime, y a los que me rodean también. Me ayudan a ver la vida de otra forma, como si todo fuera más bonito, todas las personas fueran maravillosas y las buenas intenciones anidaran en las desnudas ramas de los árboles. Es como ser la única oveja sonriente de camino al matadero.

Y es que, ya se sabe que las mejores medicinas son las que curan el alma.

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29 Octubre 2008

La mañana siguiente

The morning after (Dover)

Descubrí esta estremecedora balada en "Camino", gracias a la maravillosa voz de Manuela Vellés. No he podido encontrar el corte cantado en la película, pero sí el orginal de Dover. Se me ponen los pelos de punta.

Es una canción triste y cortita que habla de pérdidas y estrellas llorando, a la vez que supone una súplica de ayuda. Lo ideal para el film de Javier Fesser, uno de los mejores dramas del año.

Qué bien viene escuchar este tipo de música cuando se necesita llorar. Y qué gusto da comprobar que el grupo de las hermanas Llanos todavía puede hacerme sentir escalofríos.

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20 Octubre 2008

Al sol

Como ya confesé en otra ocasión, me gustan mucho las canciones ñoñas. Las que hablan de amor, tienen un estribillo pegadizo y hacen sentirse bien. Aquéllas que no cierran grandes complicaciones ni mensajes ocultos con aire gafapasta. Melodías que escucho sin preocuparme de que mi selecto grupo de amigos culturetas con chapitas del Ché en la solapa me acuse de "vulgar" y "comercial" antes de pasar a hablar sobre el apasionante movimiento dogma o sobre el aburrimiento existencial de la burguesía contemporánea. En dos palabras: música fácil.

Este es el caso de Au soleil, de Jenifer Bartoli, cantante francesa que viene a ser (salvando las distancias) como nuestra Rosa de España en Francia. Ojo, que esta chica no ha perdido una gran cantidad de kilos para estar divina (aún más, quiero decir) ni ha pasado de gran rosal a pequeña florecilla por una mala gestión en los comienzos de su carrera artística (el primer disco de Rosa: puag). Lo único que tienen en común ambas es su victorio paso por una academia de estrellas televisivas (Operación Triunfo y Star Academy).

He de admitir que no estoy muy informado sobre la consideración y fama que Jenifer tiene en su país. Lo que sí parece es que ambas tienen una fructífera carrera artística a sus espaldas: seis discos la francesa, siete la española. Y, para que digan que Rosa no es polifacética, ahora sale es la imagen del nuevo anuncio de Covirán. Mucho mejor que la gabacha esta, dónde va a parar. Además, Rosa ganó el concurso cuando era eso, un concurso, más o menos blanco y lleno de buen rollismo; no sé si es el mismo caso de nuestra vecina. Espero que Star Academy no tenga nada que ver con el absurdo circo mediático perpetrado por Tele 5.

Bueno. Dejo ya las divagaciones y os invito a escuchar la canción (y a ver a esta chica en la playa):

La letra, como no podía ser de otra forma, no tiene desperdicio. La moraleja: qué más da que estés conmigo o no, a mí lo que me mola es quemarme al sol. Más optimista y entrañablemente estúpida no puede ser.

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11 Octubre 2008

Cabalgando sobre una estrella

Hay canciones que, por mil razones o por ninguna en particular, me hacen sentir bien. Supongo que es algo que le pasa a todo el mundo... ya sabéis, esas canciones que se meten en la cabeza y que son imposibles de olvidar. Cuando estoy contento, no puedo evitar tararearlas.

Una de ellas es Rule the World, de los archifamosos Take That. Me gusta porque posee ese airecillo de pop ingenuo que tanto me ha hecho soñar de adolescente. Además, es el tema central de la B.S.O. de "Stardust" , auténtica feel good movie de las que hacen reconciliarse con el Séptimo Arte. No me había divertido tanto desde "Dentro del Laberinto", otro peliculón de fantasía.

Me encanta que su letra sea ñoña, tierna e infantil porque toca emociones y sentimientos primarios (la fuerza de los sentimientos, la importancia de estar junto al amor querido) en su mensaje:

Tú y yo podemos cabalgar sobre una estrella. Si estás conmigo, podemos liderar el mundo. Tú y yo podemos iluminar el cielo.

Me encanta creer otra vez en cuentos de hadas y volver a sentirme como un niño.

Me encanta volver a creer en mentiras y sentir que todo es posible.

Todo eso se resume en la filosofía de la película en general, y en la de esta cancioncita en particular.

Espero no ser el único al que le guste soñar despierto de vez en cuando.

Y en este enlace está la letra, para quien quiera leerla.

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12 Enero 2008

Tiempo de buena música

Hace algún tiempo, cuando aún era un jovencito imberbe y con la cara llena de granos, descubrí la canción «Medianoche», que me dejó hechizado (bueno, para ser francos, algún pelillo tendría, pues corría el año 2002 cuando la escuchaba en los 40 principales). El caso es, no lo recuerdo muy claramente, puse la televisión y vi un videoclip que se desarrollaba en un laberinto –había una cruz por ahí, creo recordar– y una voz dulce y melodiosa que cantaba algo así:


Te recuerdo en el silencio

rumores de hace tiempo

que aún quiebran mi razón

y en tus ojos que no mienten

aún busco que me encuentren

y ahí esperaba yo.

Alma, medianoche en tu sonrisa

y las palabras que en la brisa

no debimos olvidar.

La tormenta,

Que siempre pasó de largo

se hizo fuerte y se ha tragado lo que había que salvar

hasta pronto ... si te vas

Los pelos como escarpias, oigan. Al día siguiente ahí estaba yo, pendiente del programa de los 40 principales que echaban en el extinto Canal Plus, con mi cinta vhs preparada y mi dedo en el botón de rec. Como por entonces se le estaba dando cierta promoción al grupo, no tardaron en ponerlo y conseguí grabarlo. Recuerdo haber visto este videoclipcomo unas 10 ó 15 veces. Posteriormente olvidé la canción, seguramente porque había otra que me gustaba más o porque andaba muy ocupado mirándome el ombligo. Estúpido que era uno.

No ha sido hasta hace poco que he vuelto a recordar a los chicos de «El Tiempo», al escuchar la canción en la radio. Rápidamente me he hecho con los dos discos que he podido encontrar («Zahorí», de 2002 y «Versus», de 2003) y ahora estoy disfrutando como un enano. Este grupo está formado por Nano Ortega (guitarras y voz), Javi Saigi (bajo), Ángel Crespo (Batería) y Raúl Quilez y José Luis Crespo (teclados). Se trata de, básicamente, pop-rock de calidad con letras profundas, gran interpretación en los instrumentos y una estupenda voz. Lo cierto es que no sé con qué quedarme… si con el ritmo de los estribillos (endiabladamente pegadizo algunas veces) o con las letras. Los chicos del «El Tiempo» le dan una vuelta de tuerca a las canciones de amor y nos presentan cosas como esta:

Dame una mirada

Que hoy no puedo concederme

Más mentiras para ahogar mi corazón

Tengo tantas sombras que alumbrar

Y no tus ojos

Tantos ecos por callar, no sé que son

(Cristales Rotos, Versus)

¿Quién no caería rendido ante unos versos así? Habrá quien diga que es una cursilada, pero lo cierto es que este grupo muestra una sensibilidad en las letras muy poco usual en el panorama español. Esto son rimas y no las de Nacho Cano (voy hacia la pista de baile / qué situación, qué situación / no tienes un cigarro / me puedes decir la hora / vienes a la discoteca sola en «Las curvas de esa chica» del disco «Entre el cielo y el suelo»).

Vamos, que los listillos que afirman que todas las canciones de amor están ya inventadas están muy equivocados. En los discos de este grupo sólo encontraremos canciones agradables de corte poco comercial en las que todo está cuidado hasta el último detalle, como la estupenda «Soy de donde tú estés» (Versus), cuyo estribillo tengo grabado a fuego en mi cabeza:

Soy de donde tú estés, entiéndelo

Soy de donde tú estés, es mi traición

Tú eres viento, yo vela, mar los dos

Soy de donde tú digas que yo soy.

Desafortunadamente, no se sabe mucho de ellos en la actualidad. Y es una auténtica pena, porque los dos álbumes que he podido escuchar son geniales (el primero de todos, al parecer, salió al mercado hace bastante tiempo gracias a la compañía Zuinda y es una rareza imposible de encontrar).

«El Tiempo» disfrutó de un éxito y una promoción moderada hace unos años y recuerdo que algunos de mis amigos y yo alucinábamos con su música. Estoy seguro de que podrían haber sido un éxito de masas al igual que la «La Oreja de Morfeo» y «El sueño de Van Gogh» o cómo se diga, pero a ver. Que en nuestro país triunfe gente como Bisbal y Bustamante dice mucho de lo mal que está la cosa. Desde aquí reivindico al mundo entero un mayor reconocimiento a este grupo de inmediato. Bueno,al mundo entero o a quién me quiera hacer caso, es lo mismo.

Incluso es difícil encontrar un vídeo clip de ellos en YouTube, aunque más abajo dejo una joyita, «Respiro para ti», single de su disco más reciente. La canción es un dueto con Lucía Muñoz, una de las «Ketchup» (¿las recuerdan? sí, las chicas esas que nos martirizaron con el temible «Aserejé» y nos dejaron con el culo al aire en Eurovisión) y no tiene desperdicio. Disfrútenla con salud.

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Solo soy un letraherido más, amante de todo lo que tenga que ver con la palabra escrita.

Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado.

Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza. Ladro mucho, pero no muerdo.

También me gustan mucho la televisión y el buen cine, aunque lo que realmente me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

En este blog intentaré que haya de todo, aunque no puedo prometer nada. El objetivo principal es utilizarlo como herramienta de liberación, como vía de escape de mis penas y espejo de mis alegrías. No obstante, todavía no he decidido sobre qué escribir. Mejor me lo pienso más tarde, pues todavía estoy dudando...

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