Feliz Año

Desde mi todavía inexplorado rincón de la blogosfera os deseo un Feliz Año Nuevo y unas felices fiestas y que no se os atraganten las uvas esta noche.
Espero que esta noche sea diferente a las demás, aunque yo al menos no las tengo todas conmigo. Todavía es pronto y ya me he encontrado con el típico vecinito graciosillo que me ha dicho «Hasta el año que viene» y después se ha quedado con cara de «¿Lo pillas?...Hasta el año que viene... ya sabes, mañana... muy gracioso ¿verdad?...». Dicen que hay miradas que matan. Qué lastima que no maten de verdad.
Luego, por la noche, cena con la familia. Sí, esas personas que has estado evitando todo el año y con las que ahora te toca sentarte a la fuerza y sonreír. Reírle los chistes a tu tío pesado que, de forma campechana y ocurrente, te pregunta cada año «Bueno, ¿y qué? ¿Follas o no follas?». Ante tu cara de pasmo y/o desprecio, él contestará, copita de vino en la mano «Pues anda que si yo tuviera tu edad, se iban a enterar. Ni una dejaba viva». O responder una por una y sin escatimar detalle a las preguntas de tu tía cotilla, que te puede preguntar de todo y domina el factor sorpresa de una forma nunca antes vista con el objetivo de dejarte en evidencia con tus explicaciones (ya sabes: a las tías cotillas sólo se les dice lo que quieren oír. Es decir, que se les miente). Comer y beber de todo, de forma desordenada y en cantidades industriales y tras las uvas, salir por ahí a hacer el cabra -como cada sábado, por otra parte- sólo que con el traje de las bodas y demás festejos familiares para pagar cubatas de garrafón a precio de oro.
El día 1, pues bueno. Con resaca, hecho polvo y comentando jocosamente con los amigos «¿Te acuerdas de cómo iba Carlitos? Juas, juas, juas... iba pedo perdido».
Lo dicho: Feliz Año. Y si bebes, no conduzcas.


