Soledades
Todos nos hemos sentido solos alguna vez en la vida. Incluso aquellas personas que lo niegan. De hecho, tengo la impresión de que los que se obstinan en negarse, son los que más solos están.
Algunas personas están solas por decisión propia, otras porque no les queda otro remedio. Las más lo están de forma temporal, aunque siempre queda alguien que está solo y rodeado de gente. Curioso ¿no?
Ahí está la esencia de soledad: en sentirse solo en una familia o un grupo de personas en el que, a priori, tiene que encajar. Y subrayo el "tiene" porque, ciertamente, muchas veces no hay razones por las que un individuo tenga que sentirse excluído. Al menos, en apariencia. La gente los quiere, tienen amigos, les va bien en el trabajo... ¿dónde está el fallo?
Una de las razones podría estar, a mi modo de ver, en la imperfección definitoria del ser humano. Siempre ansiamos tener algo o alguien, y cuando lo conseguimos, queremos otra cosa. Vivimos en un continuo estado de insatisfacción.
Otra razón reside en el egoísmo, o dicho de forma más clara, en la necesidad de llamar la atención. Me refiero a las personas que adoptan la actitud de Felipe, el amigo de Mafalda en la siguiente ilustración del genial Quino:
Vamos, lo típico: estoy solo porque nadie me quiere. Qué cruel es el mundo, que no me acepta. Oh mísero de mí, oh qué infeliz soy, qué desgraciado me siento. Esta es la base de la soledad hipócrita y falsa, la más común en la sociedad burguesa y acomodada en la que vivimos. El estoy solo, pero ni te me acerques porque prefiero seguir revolcándome en mi propia mierda.
A las personas que actúan así, lo mejor es no hacerles demasiado caso. Nadie puede vivir aislado siempre, y tarde o temprano habrá que interactuar con los demás. No van a estar quejándose toda la vida, digo yo.
Lo verdaderamente preocupante es sentirse solo y no saber encontrar la solución. No saber tan siquiera qué se puede hacer para solucionar el problema. Quedar atrapado en la propia soledad y rozar el abismo de la locura.
Ante esto, pocas soluciones hay que no pasen por un cambio de actitud del afligido: se trata de poner un poco de voluntad. Salir y hablar con la gente del bar más cercano podría parecer un buen remedio; pero puede ser perjudicial e incluso contraproducente. Es como intentar calmar la sed con toda el agua de un río.
Lo mejor, como en casi todo, es ir poco a poco. Un buen paso es llamar a ese amigo al que hace mucho tiempo que no se ve e interesarse por su vida. Es sorprendente cómo reaccionan viejos amigos a nuevas llamadas. Programar, al menos, una actividad social cada dos días. Interesarse por los demás e intentar volver a las preocupaciones de la niñez y la adolescencia, en la que los amigos y los amores eran esenciales. Incluso las personas más maduras tienen un trasfondo algo infantil en la que a su vida personal se refiere, y eso ayuda.
Huir del ordenador y de los videojuegos, que, como todos sabemos, nos pueden volver locos como cabras. Viajar mucho (con o sin compañía) también ayuda a ampliar miras y a minimizar los propios problemas.
Como no puede ser de otra forma, la respuesta está en uno mismo. Pero, para evitar la soledad, al menos sí está claro que existe una solución: dejar de escribir posts tan deprimentes como éste.


