MÍA SARAH (2006) 

País: España                                             Duración: 103 minutos

Dirección: Gustavo Ron                    Guión: Gustavo Ron, Edmon Roch

Reparto: Verónica Sánchez, Daniel Guzmán, Manuel Lozano, Fernando Fernán Gózmez, Diana Palazón, Phyllida Law, Manuel Millán, Víctor Mosqueira, María Blanco-Fafían, María Blanco, Bárbara Goneaga, Álvaro Guevara, Marta Solaz.

Ficha en IMDB

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Mía Sarah es, ante todo, una película pequeña. Esto no tiene por qué ser malo si no se posan en ella más expectativas de las necesarias. Constituye un intento de nuestro cine de salirse de los patrones habituales en los que se mueve, y eso es de agradecer. En esta película no se dicen palabrotas, ni salen prostitutas, ni ningún alivio cómico demasiado ridículo. Los actores están relativamente bien y la ambientación tiene un cierto aire Amélie, pero un pelín más cutre. Sobre todas las escenas hay una especie de luz amarillenta que le da un aire como irreal, un poco pasado de rosca, pero que ayuda al espectador a convencerse (en los primeros diez minutos) de que está viendo algo diferente. Además, da la imagen de una Coruña bastante cosmopolita y preciosista.

El problema radica en que la historia no acaba de cuajar. Y creo que ello se debe a que no se sabe muy bien a qué juega el director, pues aparecen demasiados flecos sueltos por ahí que hacen que el desarrollo de la película sea lento y, a ratos, desesperante. La peli avanza a trompicones y a mi parecer es un poco aburrida.  

Cuenta la historia de Marina (Verónica Sánchez), una chica que tiene que cuidar de su hermano Samuel (Manuel Lozano), un adolescente que no sabe qué es un peine y que padece de agorafobia desde que sus padres y su abuelo se mataron en un accidente de coche, tres años atrás. Desde entonces, la dinámica de vida del chaval consiste en escribir el libro que le dicta su abuelo fallecido (Fernando Fernán Gómez) al que sólo él puede ver y oír (menos mal) y en espantar a todos los psicólogos que la buena de su hermana le busca. Entonces, y de pura casualidad, entra en sus vidas Gabriel (Daniel Guzmán), un joven psicólogo con ínfulas de soñador cuyos métodos se basan en el trato personalizado con los pacientes y no en atiborrarles de pastillas. Mientras que Gabriel va tratando a Samuel, se va gestando una bonita historia de amor entre él y Marina. Nada nuevo, vamos, ya se ve en el cártel. Posteriormente se añade una trama pseudo-fantástica relacionada con el abuelo fantasma que no interesa demasiado; pero que da razón de ser al título del film.

El romance de los protagonistas es predecible y carece de tensión dramática, pues no tienen demasiados obstáculos. No es un amor tormentoso ni obstinado, no hay grandes azañas en pos de tan deseado sentimiento. Tampoco hay carnalidad y apenas contacto físico. Vamos, que es una de las pocas pelis españolas que he visto en mi vida en los que no salga una teta. Es una comedia romántica, sí, pero no demasiado dulzona ni almibarada. Los personajes tienen un cierto carácter naïf, un toque de ingenuidad que nos permite disfrutar (o soportar, según el gusto de cada cual) los pocos acontecimientos que se desarrollan por el metraje.  

Como dije anteriormente, los actores no están de todo mal. Daniel Guzmán tiene cara de buena persona, como lo es su personaje. Además, posee cierto aire de romántico bohemio, lo que se ve acentuado en la escena del baile con la fregona. Verónica Sánchez hace un poco más o menos lo de siempre. Tiene un personaje adulto, serio y responsable; es como la Eva de "Los Serrano" mayor y menos ñoña. Ambos actores, si bien dan el pego por separado, no tienen química en pantalla y eso me provocó algún bostezo y mirada de reojo al reloj, la verdad. Manuel Lozano está mal, muy mal. Parece mentira que sea el mismo niño de la genial "La lengua de las mariposas" y de la divertida "Eres mi héroe". Se le ve apático y bastante soso, además de que el pelo largo le sienta como a un Cristo dos pistolas. Para más inri, Fernando Fernán Gómez le da la réplica en la mayoría de los diálogos, y eso me parece de una crueldad extrema, aunque el personaje del abuelo tampoco es que sea muy agradecido que digamos. Anda por ahí también Diana Palazón, en el papel de una ex novia del protagonista un poco loca que no hace más que llamarle para pedirle consejo sobre su matrimonio. Es un personaje simpático, un poco tonto y prescindible, aunque al final desempeña el papel de "amiga mascota" que todos tenemos que cumplir con nuestros amigos de vez en cuando.

Junto a la ambientación, un punto a destacar es la música de César Benito. Simplemente estupenda y muy adecuada para el tono de cuento de hadas que se pretende dar a la historia.

En definitiva, se trata de un film flojo, aunque bienintencionado y envuelto en una factura técnica curiosa en nuestro cine. Es como el caramelo de limón y miel "normal" en la bolsa de deliciosos sugus y empachosas gominolas: hace bonito, pero no es lo más sabroso. Ideal para una tarde de lluvia sin nada que hacer, con el cerebro en modo off.