
Denis Dobric, Sad Day, 2004 (más obras aquí)
Levantarse a las ocho de la mañana y darse cuenta de que no hay nada que hacer. No hay mundo que arreglar, no hay nadie a quien ayudar.
Desayunar un café con amargura.
Sentarse frente a la hoja de papel y ser incapaz de trazar un mísero palito. Encender el ordenador y comprobar que no hay ningún correo electrónico (a excepción de ese tan gracioso que, desde no se sabe dónde, te invita a que te alargues el pene).
Salir a la calle y perderse entre la gente. Recordar tiempos pasados y sonreír levemente. Aquellos días no fueron mucho mejores que estos, pero los vivimos con mayor intensidad.
Caminar por la acera equivocada, ir en dirección contraria. Sentirse pequeño en la multitud. Apretar el paso, salir corriendo. Subirse al autobús y mirar a la gente a los ojos. Nadie puede aguantar tu mirada durante más de dos segundos.
De vuelta a casa, intentar silbar una canción alegre. Cruzarse con un vecino en las escaleras y hablar sobre el tiempo. Ayer hizo sol, hoy va a a llover, mañana Dios dirá. Fingir una sonrisa.
Abrir la puerta de la pequeña buhardilla. Escuchar el contestador automático (nada), volver a mirar el correo electrónico. Desde tu país, me envías un mensaje breve en el que prometes que me llamarás esta semana. Sonrío y pienso en tus otras mentiras.
Comer con amargura. Fregar los platos y recordar la infancia perdida de pompas de jabón.
Repatingarse en el sofá y encender la tele. Las neuronas se disipan un ratito y Morfeo viene a visitarte. Te resistes, no quieres pasar otra noche en vela.
Apagar la caja tonta y coger un libro. En él se te habla sobre teorías, ciencias e historias que apenas comprendes. Fijas la atención, lees palabra por palabra. Entiendes todo sin entender nada. Ves cómo cada idea borra a la siguiente. Coges el lápiz que te regalé y empiezas a subrayar con esmero. Sigues sin enterarte de nada.
Cerrar el libro y llamarte por teléfono. No estás. Cierta voz electrónica me informa de tu ausencia y me insta a que te deje un mensaje. Por un momento, cierro los ojos y me imagino hablando contigo. Una lágrima se desliza por la mejilla.
Volver a salir a la calle. Fumar, beber, perderme en brazos extraños. Buscarte en cada mirada que encuentro a mi paso. Pero creo que sabes que nunca lo conseguiré.
De nuevo en el frío hogar, en la fría cama. Acostarme con la esperanza de que mañana será un día mejor.


.. y comprobar que todos los días son 2 de Febrero, que todo esta nevado y nada ni nadie te sacara de ese sueño pesadilla que uno solo se ha fraguado.. BRAVO !!!
Me ha encantado este post. De hecho alguna vez me he sentido identificada con lo escrito. El problema es no saber expresarlo con palabras y esas son las correctas.
saludos
estoy leyendo lo que escribes me parece muy interesante asi conosco mas de tu país sin conocerlo
saludos
Berlin AE: ... e intentar cada día que el 2 de febrero se convierta en el comienzo del verano y que, a la luz, se pueda salir de la pesadilla... Muchas gracias por el comentario, me alegro de que le haya gustado la historia.
aquarelle: Gracias, me hace muy feliz recibir comentarios como el suyo. Espero poder seguir acertando con las palabras (o al menos, aproximándome)
melva-atoche-francia: Gracias por pasarse por aquí, es todo un honor saber que hay alguien que me lee allí fuera :) Le agrego a ami@s
Un saludo,
El Eterno Indeciso