El amigo mascota
Tengo una amiga. Esto puede parecer una obviedad como un castillo, pues todos tenemos amistades (o al menos, eso creemos). Pero mi amiga es especial. Ella no me llama nunca para tomar cervezas, ni tampoco está interesada en hacer ningún deporte conmigo. Es una amiga que sólo me llama para hablar. Para hablar de ella.
A veces creo que debería haber sido terapeuta o psiquiatra, pues gran parte de mi relación con los demás consiste en escucharlas. Soy el amigo mascota, el pringado que siempre hace de oreja. El chico bueno al que pueden llamar a las 3.00 de la mañana en busca de consuelo tras una pelea con el novio. El chaval que escucha todos los problemas de los demás y que, con gesto paternal (y un pelín condescendiente) dice cosas cómo: "todo se arreglará", "no pasa nada", "el tiempo pone a cada uno en su lugar".
Ser así es difícil y bastante coñazo. Primero, porque es una garantía de no comerse un rosco en la vida. Las chicas no me quieren, sino que me quieren contar sus problemas. Segundo, porque es un sambenito del que es muy difícil deshacerse. Y tercero, porque no existe una relación de reciprocidad. El máximo consuelo que se puede sacar cuando uno intenta intercambiar papeles con el que hace de "oreja" se reduce a las típicas frases aduladoras (las he escuchado todas):
"Eres mi mejor amigo"
"Tienes un corazón de oro"
"Qué gusto que haya gente como tú en el mundo"
No ligar y ser un pringado es un rollazo, pero lo es aún más no tener a nadie que te sirva de paño de lágrimas. Estamos tan ocupados de nosotros mismos que somos incapaces de ver más allá de nuestras narices. Y digo somos y estamos porque yo, por supuesto, también me incluyo. Ser egocéntrico (o "yo, mi, me, conmigo" como a mí me gusta llamar a la gente así) es un problema, pero hacer ejercicios de egolatría con tus amistades sin dar nada a cambio es aún peor. Es cierto que necesitamos apoyos para afrontar el día a día, pero también lo es el hecho de que todos tenemos derecho a ser escuchados. O dicho a lo bestia: todos tenemos problemas y los tuyos no tienen por qué ser más importantes que los míos, amiga mía. Joder ya.
Este post no pretende ser un ajuste de cuentas para nadie, pero sí una llamada a la reflexión y una queja con respecto a lo que me encuentro cada día. Es necesario salir del propio cascarón y ponerse en la piel de los demás. Escuchar al amargado para no amargar al escuchado. Y viceversa. Solo así se puede llegar al fondo de la amistad verdadera.



sin-perrito-que-me-ladre dijo
Haz un profundo ejercicio para ver como has llegado a convertirte en oreja.. quizás esa ha sido tu manera de hacerte necesario para los demás, de hacer algo para que te quieran (porque a veces, tenemos miedo de que no nos quieran por nada más que simplemente por nosotros mismos)... planteate porque has decidido (o han decidido gracias a ti) que tu valor añadido, sea escuchar.
De todos modos, yo creo que es algo precioso (aunque te toque los huevos a las 3 de la mañana), y algo de lo que no todo el mundo es capaz.
besos
10 Noviembre 2008 | 11:33 AM