Dice el refrán que "más vale tarde que nunca". Por eso aparezco yo, 9 días más tarde, con el cartel en contra de una de las mayores aberraciones de nuestros días. Se trata de una campaña que corre por Internet, idea de la Huella digital y Vagón-bar que comenzó el pasado día 20 aquí y aquí. Lo hago sin ánimo de apuntarme a ningún carro ni ponerme ninguna medalla, con las mismas buenas intenciones de siempre y arrastrando un gran pesar por haber llegado tarde a tan singular y gran iniciativa. Los vaivenes de la vida, habría que argumentar -aunque este no es el momento ni el lugar para hablar de ellos.

Es, más que nada, una cuestión de ética, de obligación moral. Un mensaje en la botella para protestar por una injusticia descomunal, porque hay cosas que sencillamente NO deben ocurrir. Hay una frase a la que me gusta recurrir siempre que se habla de los niños, de su derecho a la felicidad, a la educación y, en definitiva, a la vida con mayúsculas. Es de Rilke, según leo por ahí, pero da igual su autoría: "la verdadera patria del hombre es la infancia". No hay nadie más vulnerable y desprotegido que un niño. A nadie se le deben arrebatar los mejores años de su vida. Es algo contra natura, una aberración total a todos los niveles.

Es difícil escribir sobre pornografía infantil sin incluir insultos detallados para con los individuos e individuas que la perpetran. Para mí, es, prácticamente, algo poco más que imposible. No hay desequilibrio mental ni perversión que la pueda justificar, ni años de condena en la peor cárcel turca que se me antoje justa y ejemplar. Es un daño horrible, terrible, irreversible y todos los adjetivos feos terminados en -ible. Una herida que no puede sanarse. Jodes a un niño y has jodido a una persona de por vida. Es así de simple.

Leo aquí que hay más de 4.ooo.ooo de páginas de Internet que contienen material de sexo con menores. Me tiemblan las manos y me retuerzo de asco al pensar en los millones de vidas destrozadas para siempre porque sí, por dinero y por saciar un placer oscuro e insano. Se me revuelven las tripas y me caigo de la nube al pensar que es tan culpable el que toca a un niño como el que lo ve. Que estamos rodeados de mierda al convivir en el mundo con seres despreciables y enfermos que disfrutan tocándose ante estas cosas. Y no hay nada que huela peor que la mierda moral, la humana, la que de día es padre y trabajador ejemplar y de noche se zambulle en un cenagal de miseria, sonrisas perdidas y almas de ángeles dañadas para siempre.

El ser humano puede ser maravilloso, pero es, sin duda, el mayor hijo de puta del mundo.