Un día muy tonto
Ayer tuve un día muy tonto, más de lo habitual.
Salí de casa con la bufanda en la cabeza, los zapatos de al revés y mis gafas de sol más chulas, las que me protegen de los días nublados y lluviosos. El conductor del autobús no reparó en mi aspecto (estaba muy ocupado leyendo Mafalda y fumando mientras que cobraba el billete) y nadie dijo nada, ni siquiera el elefante rosa que se sentó a mi lado. Oí murmurar a una anciana detrás de mí, pero al parecer estaba hablando con su hijo por el teléfono móvil. Parecía agitada y hablaba sobre un testamento, algo de unas tierras y una última voluntad. Después suspiró profundamente y se echó a dormir, paralizada. Hay gente con muy poca educación.
Tras volver del trabajo más pronto de lo habitual -parece ser que el viernes pasado me echaron para siempre, pero yo no me enteré- entré en un museo de ésos modernos, como dice mi madre. Allí vi cosas muy raras, aunque dos me llamaron poderosamente la atención:

- una lata con excrementos de artista de 1961, que, según dijo el guía, fue vendida por 75.000 dólares y que cuesta actualmente 1000 euros (el gramo) y

- un retrato de Pilar Urbano en el que se evidencia de forma clara que los diseñadores de la oveja de la campaña navideña de Movistar se han copiado totalmente de su tupé de monja seglar. Lo quise comprar, pero su valor actual en el mercado es de dos bocadillos de mortadela sin aceitunas. Me pareció excesivo, la verdad.
Salí bastante enfadado de aquel antro y me fui rápidamente a casa, no sin antes abrir mi paraguas de lunares. Ya se sabe que los lunares son el mejor remedio para resguardarse de las ventiscas, como la que asolaba la ciudad en ese momento. Cuando llegué a mi pequeña guarida, me encontré a mi Pepito Grillo y a mi ángel de la guarda jugando al dominó en la mesita del salón. No es que me pareciera extraño, pero hasta ahora siempre había pensado que eran la misma persona.
Mi ángel, un tipo guapo y que olía bien, me invitó a visitar mis Navidades futuras. No sabía qué decirle (nunca he sido bueno dialogando ni escribiendo diálogos), así que le convencí para que lo discutiera con Pepito Grillo. Tras una larga discusión de apenas tres minutos, ambos acordaron que lo mejor era quedarse jugando a la brisca, que hacía mucho frío y no habían traído bañador. No dije nada, pues casi nunca digo ni hago cosas sin que alguno de estos dos abra el pico.
Cuando me disponía a hacer café, mi teléfono móvil comenzó a sonar con gran estruendo. Por si no lo sabéis, tengo un Iphone extra caro que no sirve para nada, pero que está lleno de politonos de ambulancias, coches de policías y ruido de calles en obras. Total, que no me quedó más remedio que dejar lo que estaba haciendo y cogerlo:
-¿Hola? -dijo una voz familiar al otro lado.
-¿Hola? -contesté yo, muy solícito.
-Hola, qué tal, ¿es usted el Eterno Indeciso?
-Sí, sí, soy yo, creo. Sí, yo diría que sí... espere un momento. Sí, yo creo que sí.
-Estupendo -dijo la voz familiar -Mire, le llamo desde el mundo real, ya sabe. Desde el mundo de verdad.
Me pareció que el muy cretino se reía. Pronunciaba real y verdad con cierto retintín. De nunca me han caído bien los portadores de la verdad, los que están buscando ponerte los pies en el suelo a todas horas.
-Pues mira tú qué bien -respondí chulesco en voz baja. El tipo pareció no darse cuenta y se puso solemne:
-Señor Eterno, le llamaba para comunicarle que ya está bien. Que tiene que venir aquí -cada frase era como un hachazo- que tiene que hacer las maletas y volver inmediatamente.
-¿Volver adónde? ¿Sabe usted el frío que hace? Además tengo que hacerme cargo de mi paraguas de lunares y tengo un ángel de la guarda y un Pepito Grillo a mi cargo...
-¡Déjese de tonterías! -vociferó la voz cada vez más familiar-. Usted sabe que esto iba a pasar... que tiene un trabajo de mierda al que ir, unos estudios por acabar, una tesis que no se escribe sola... sabe de buena tinta que tiene que volver. Así que no se haga el remolón. Usted tiene un nombre, unos apellidos, una familia, unas obligaciones.
-Pero yo... -titubeé
-¡Pero nada! ¡Vuelva o aténgase a las consecuencias! -gritó la voz muy enfadada antes de colgar violentamente.
Aunque no acababa de entender del todo, aquella llamada supuso un jarro de agua fría. ¿Qué hacer? ¿Volver? ¿Adónde? ¿Al mundo real? ¿Dónde queda éso? ¿Dónde está la verdad? Por lo que sé, mi vida es totalmente normal. Vale que me gusta ponerme la bufanda en la cabeza para provocar, pero es que llevarla en la cintura me parece una ordinariez. Pero hasta ahora, todo lo que me rodea es de verdad, tangible.
Estuve toda la tarde dando vueltas por mi escondrijo, sin saber qué hacer. Me puse a pensar por primera vez en mi vida, hasta que me di cuenta de que estaba tosiendo letras. Pepito Grillo y el ángel se desentendieron totalmente del tema y se fueron por ahí, a cazar gamusinos para la cena, dijeron. Me sentí muy solo, en un callejón sin salida.
En vistas de que mi salud mental estaba deteriorándose y tras llenar la habitación de letras, tomé una decisión. Una decisión irrevocable y, a mi parecer, muy inteligente: desconectar el maldito Iphone y escribir en mi blog.









mixcelaneas dijo
Jajaja, lo bien que has hecho. Una temporada "desenchufado" de la locura del mundo no viene nada mal (sobre todo por estas fechas, jejeje)
Besossss.
30 Diciembre 2008 | 03:31 AM