Querido Miguel
Tienes quince años, una bicicleta de carreras con un pedal roto y la cabeza llena de pájaros. En los seis meses que llevo conociéndote has querido ser (por este orden): ingeniero de caminos, cocinero, mecánico (de los que ponen las ruedas a Fernando Alonso en las carreras, ojo), militar de alto rango, cura misionero, abogado y economista. Dices que llevas una vida sana, pero tu padre y yo sabemos que fumas a escondidas.
Te catean en matemáticas y física, vas mal con inglés y cuando te oigo pronunciar una palabra en francés me dan ganas de tirarte por la ventana. Te sientas con desgana cuando te explico los entresijos más rudimentarios de la gramática inglesa y se te iluminan los ojos cuando pongo ejemplos guarretes del tipo "If Miguel has a shower today, Carmen will kiss him at school". A los dos nos la refanfinflan los condicionales, pero tenemos que cubrir el expediente.
En casa te exigen demasiado (clases de matemáticas, inglés, francés, natación, informática, refuerzo de lengua y literatura, atletismo, macramé y punto de cruz), pero tienes la inteligencia y el temple necesario para hacer lo que te sale de los innombrables sin que se note demasiado. Admiro la forma en que te pasas por el Arco del Triunfo los estúpidos horarios de estudio que te impone tu monjil madre y cómo inviertes los pocos momentos que te dejamos libre en garabatear torpes muñequitos de estilo manga y soñar con la moto que te comprarán cuando tengas dieciocho y te afeites dos veces por semana.
Te he visto por ahí y sé que eres un buenazo, un gran amigo de tus amigos. Aguantaste como un jabato cuando el insconciente de Julio se bebió la vida en forma de botella de vodka y hubo que llevarlo en taxi al hospital. Te llevaste una bronca de tres pares de narices y una ostia inmerecida, pero ni rechistaste. Nadie se ha enterado quién compró la botellita de marras, ni se enterará jamás.
Que te gusta la vecina de enfrente es un secreto a voces, así como tu cada vez más patente deseo de formar parte del exclusivo grupo de adolescentes sexualmente activos de nuestro país. A nadie se le escapa que andas más caliente que un mono, qué te crees. Ya te he recetado varias veces paciencia y tranquilidad y me has contestado con sonrisas socarronas y demostraciones impostadas de tus profundos conocimientos sobre las mujeres. A veces me hago el sorprendido y disfrutas como un enano, porque entonces el profe eres tú. Lo que no sabes -aunque intuyes, porque eres listo como un zorro- es que en la mayoría de las ocasiones lo eres de verdad.
Entre ejercicio y ejercicio hablamos sobre cine, fútbol y demás cosas transcendentes de la vida. A veces intercambiamos novelas de Julio Verne y tebeos de Mortadelo y Filemón a escondidas de tu madre y hablamos largos ratos sobre libros que "hay que leer". Cuando te dije que Salter School es pseudoliteratura juvenil de niños ricos con ínfulas, contraatacaste con Rebeldes, y ahí ya me dejaste fuera de juego.
Me asustas con tu madurez, con lo claro que lo tienes todo a pesar de ser un veleta. Eres honesto, directo, sincero. Desgarbado y fino como un lápiz, pero valiente y bravo como un gallito de pelea. Tan brutalmente auténtico que asustas y eso que todavía no sabes nada sobre la vida. Aunque he de reconocer que yo no sé mucho más que tú.
Apenas ha empezado a cambiarte la voz y ya pisas el mundo con pies de gigante.
En fin, amigo mío: disfruta de tu edad, caéte y levántate, enamórate, lánzale un piropo a tu vecina, haz novillos, ilusiónate, vive en las nubes, desobedece a tus padres, sigue leyendo tebeos, cómete la vida a grandes bocados. Pero haz los deberes de vez en cuando, cojones, que me traes por la calle de la amargura.



Maga dijo
Què belleza de post.. supongo que Miguel es tu hijo y hasta ganas me dieron de conocerlo, debe ser un gran chico, guapo listo y simpàtico.. Un privilegio y un don es el ser Padre y si es como creo me alegro que se te haya concedido, seguro lo desarrollas en grande y sobre todo con amor.
Un besito de domingo.
25 Enero 2010 | 05:30 AM