Fuente: No Peanuts! For Translators

Es muy triste admitirlo, pero me formé para una profesión que solo ejerzo de vez en cuando. Sí, estudié Traducción e Interpretación. Y sí, mi trabajo actual no tiene nada que ver con este sector.

No obstante, sigo traduciendo (al menos una vez al mes) para encargos puntuales o para mis amistades. A veces, por amor al arte. Por volver a sentirme en la piel de mediador que coge el mensaje de otro, lo transforma, lo adorna con las palabras más bellas y fieles que se le ocurre, lo mete en una cajita con lacito y se lo entrega a una persona que no sabe -o no quiere- esforzarse en entender al Otro en su propio idioma.

Tengo pocos amigos que se dedican a la traducción como dedicación plena, y aún menos son los que ganan un sueldo digno. Con frecuencia, en nuestro colectivo nos vemos reconvertidos en profesores de idiomas, eternos estudiantes, oficinistas grises, escritores (frustrados o no), camareros y demás. Hay poco trabajo y muchas ganas de dar un bocado al mismo pastel.

Una de las razones por las que no me lanzo definitivamente al mercado profesional de la traducción es por miedo al fracaso y a morirme de hambre o de estrés. Habitualmente los traductores profesionales se ven sometidos a horarios tiránicos, plazos imposibles, clientes estúpidos y tarifas negociadas a la baja. Cacahuetes, como quien dice.

Por eso, me parece admirable la iniciativa propuesta en este blog. Se titula "No Peanuts for Translators!" ("Los traductores no viven de cacahuetes") y se queja de uno de los mayores males de la profesión: las tarifas irrisorias que muchos traductores se ven obligados a aceptar si quieren comer caliente y pagar la hipóteca.

Los traductores son (somos) unos grandes desconocidos para el público en general. Pero, y he aquí lo importante, lo cierto es que nada funcionaría sin nuestro trabajo. Por poner un ejemplo, yo no podría haber leído a Michael Ende o a Goethe con mi A1 de alemán. Hubiera roto el diccionario de rabia y desesperación. Hay que tener en cuenta que esto es un ejemplo a nivel doméstico: ya me dirían qué haríamos si no se les pagara lo suficiente a los intérpretes de las Naciones Unidas y estos decidieran hacer huelga de brazos caídos. Sería un caos.

Por ello, si alguna vez necesitan una traducción, sean conscientes de que van a contratar un servicio profesional que requiere tiempo, dedicación y mucho esfuerzo. Sepan que un traductor no es un diccionario con patas, ni un robot con apariencia humana que escribe en otro idioma a velocidad de vértigo. Una vez, un cliente me dijo que tendría sus 17 páginas de contrato traducidas al inglés al día siguiente si utilizaba Google Translator. No le mandé a la porra por educación, pero perdí el encargo por no aceptar la esclavitud de una noche en vela dándole a la tecla por un mísero puñado de euros. Sé de muy buena tinta, por lo que me cuentan mis amistades, que no he sido el único en vivir algo así.

Así que tomen nota: el trabajo de un traductor es tan importante como el de un periodista, un médico o un abogado. Y si ellos cobran en consonancia a su labor, ¿por qué nosotros no? ¿Se imaginan el panorama si esto tuviera lugar en una peluquería, un restaurante o un videoclub?

No se preocupen, los responsables del movimiento No Peanuts! ya lo han hecho por ustedes:

Les mareamos con las tarifas y nos quedamos tan frescos, oiga.

En fin, ya solo me queda felicitar a los creadores de este blog por su estupenda idea, que espero que dé sus frutos muy pronto:

- que se reconozca el trabajo de los traductores y que no tengamos que andar siempre a la gresca con clientes desaprensivos,

- que se regularicen salarios de los profesionales en plantilla y las tarifas por palabra/página/segmento de los autónomos...

... y que nadie tire la toalla, que yo la tiré hace tiempo y ahora me está costando mucho trabajo recogerla.

P.D: Si eres traductor / intérprete (o no, pero te importan las causas justas), añade esta dirección a tu sección de Favoritos y no lo pierdas de vista: http://nopeanuts.wordpress.com.