Diez canciones de amor para un viaje breve

"Tócala otra vez, Sam"
Todos mis amigos (y conocidos que aún no me han retirado el saludo) saben que tengo una tendencia muy pronunciada al meloserío musical. Esto es algo que me viene "de serie" porque me crié escuchando a los Beatles, Mecano, Whitney Houston, Amistades Peligrosas, Serrat y José Luis Perales, entre otros. Afortunadamente mis padres son unos grandísimos aficionados a la radiofórmula y me han pasado el testigo. De hecho, la amplía mayoría de mis despertares infantiles fueron a golpe de Cadena Dial y su sempiterna música en español.
Más tarde, en la bendita adolescencia, quise ser un rebelde guay y me puse a grabar como un loco las canciones "del momento" de los 40 principales. También compré mis primeros CDs en aquella época. El primero de todos: Jagged Little Pill (1995), de Alanis Morissette. No es, precisamente, un disco demasiado almibarado. De hecho, trata el desengaño amoroso de forma bastante bestia para un niño inocentón de once años. Pero yo compaginaba Alanis con las Spice Girls (si quieren cursilidad musical precocinada y fácilmente digerible, escuchen esto) y me quedaba tan pancho.
Para mí, la música romántica es como una especie de cajón de sastre en el que tienen cabida sensaciones, recuerdos y hasta olores. Cada melodía evoca algo (no obligatoriamente dulce o agradable) y revivir un momento es tan sencillo como buscar la canción adecuada en el momento necesario. Abrir los oídos, cerrar los ojos y escuchar.
A continuación, voy a presentar diez canciones mágicas ordenadas de menor a mayor efecto. Podrían ser cien, e incluso mil si tuviera tiempo. No todas son excesivamente conocidas y sospecho que no gustarán a todo el mundo, pero a ver. Para gustos, colores.
Todas abordan, desde diferentes ángulos, el sentimiento universal que andamos buscando constantemente. Personalmente, prefiero mil veces las que versan sobre desengaños amorosos: las entrañas de la rabia son buenas consejeras a la hora de componer.
No sé si me las llevaría a una isla desierta, pero no se me ocurre mejor compañía para un viaje breve, como el trayecto de la casa al trabajo o a la universidad, al instituto o incluso a la escuela (¡tenemos que educar musicalmente a nuestros menores!)
Espero no provocar una hiperglucemia a nadie.
10) Los años que nos quedan por vivir (Los Lunes, 2006)
Santa madre. ─ Niño, haz el favor de dejar de picotear, que vamos a almorzar dentro de poco.
Hijo parásito. ─ Escucha mamá, sale la canción que te gusta tanto. Ya sabes, ésa que parece antigua, pero que no lo es tanto, según el señor Spotify.
Santa madre. ─ Dale voz.
(...)
Santa madre. ─ Maldito, ¡te has comido todo el jamón!
9) Crush (Jennifer Paige, 1998)
Adolescente feo y lleno de granos. ─ Qué ojos más bonitos tienes.
Adolescenta inasequible. ─ Déjame en paz.
Adolescente feo y lleno de granos. ─ Podríamos quedar un día para ir al cine, o...algo.
Adolescenta inasequible. ─ Déjame en paz.
Adolescente feo y lleno de granos. ─ ¿Me dejas, al menos, que te observe con ojos melancólicos y suspire como si me faltara el aliento cuando te miro, cuando te siento?
Adolescenta inasequible.─ (Levanta la mano). Doña Carmen, ¿me puedo cambiar de pupitre?
8) A tu lado (Los Secretos, 1995)
─ ¿Que escribes?
─ Una carta a los reyes magos.
─ ¿Y qué les pones?
─ Que nos devuelvan la vida.
("Báilame el agua", película que hay que ver para comprobar que, de vez en cuando, se hacen cosas buenas en nuestro cine. Y uno de los pocos casos en los que la adaptación cinematográfica iguala a la novela. He dicho.)
7) Always (Erasure, 1994)
Poco antes de la fiesta de fin de curso, un niño queda fascinado por el poperismo desmesurado de un señor vestido con kimono y casco que canta en un videoclip un tanto extraño. Como tiene la retentiva de un pez de agua dulce, no se queda con el nombre del grupo. Escucha la canción alguna vez en la radio, pero siempre de refilón y a medio empezar. Tampoco vuelve a coincidir con el vídeo.
Pero el estribillo siguió sonando en su cabeza, insistente, como el eco reverberado de las campanas de la misa del gallo.
Años más tarde, San Google le enseña el camino de la verdad y el niño (ya adulto, aunque con las mismas tonterías) todavía está dando saltos de alegría por el redescubrimiento.
6) No me canso (Carlos Chaouen, 2004)
El cuarto más desordenado del mundo: recortes de periódicos, revistas de "El Jueves", libros, apuntes, diccionarios abiertos, ceniceros llenos, una mancha de café en la alfombra.
Un joven estudiante intenta desentrañar los entresijos de los tesauros, las bases de datos terminológicas y el formato de las referencias bibliográficas. No separa la vista de los papeles, apenas ve más allá de la montaña de legajos subrayados.
Tiene mucho sueño. Enciende un cigarro (ya se siente mayor e independiente, aunque sus padres le pagan el alquiler y le dan dinero todas las semanas) y enciende la radio. Carlos Chaouen no se cansa de quitarse el sombrero, a lo que el joven asiente con la cabeza, llevando el compás con los pies.
Pronto comenzará el verano de su vida.
5) X-Static Process (Madonna, 2003)
Indeciso torpe y desgarbado ─ Madonna, cuando se pone intensa, tiene canciones bastante buenas.
Mujer sabia. ─ Sí, es genial.
Indeciso torpe y desgarbado. ─ Tiene una canción que me encanta, aunque... joder, hay qué ver qué tía más creída. ¿Pues no que va y dice que ella es tan guapa y talentosa como el tío al que ama?
Mujer sabia. ─ Pues por eso mismo es genial.
4) Esta es la historia de un amor (Mecano, 1984)
─ ¿Sabías que el año en que nacimos Mecano sacó una canción preciosa sobre una historia de amor?
11 días, 3 cenas fallidas y 2 discusiones dramáticas más tarde, esta canción pasó de ser una profecía a un recuerdo simpático.
Qué bonita es la vida y qué buen tino tiene a veces.
3) Total Eclipse of The Heart (Bonnie Tyler, 1983)
Llevan casados más de treinta años y aún siguen bailando juntos.
Me escondo detrás de la puerta, quiero ser invisible. Mi padre me ve, me guiña un ojo y me indica -mirada pícara mediante- que lo mejor que puedo hacer es irme a tomar viento fresco.
Vale la pena volver a casa de vez en cuando.
2) Romper (Luis Ramiro, 2009)
Hace un calor que se desmayan las moscas. Vivo en zona hostil y no me atrevo a salir de mi minúsculo aposento por miedo a que alguien me asesine de una mirada.
No obstante, tengo un buen libro, suena esta canción y acabo de comenzar una nueva aventura en la que aún estoy enfrascado.
Hay miedo, sí. Pero también ilusión y esperanza.
1) No Good For Me (The Corrs, 1998)
Viaje a la playa en un viejo Talbot Horizon.
Dos niños se pelean en el asiento trasero del coche por un walkman. En realidad tienen dos, pero luchan por el que más mola: el que es reversible. Tras patalear y forcejear como un salvaje, el pequeño se hace con el aparato y se dispone a saborear su victoria, altivo e inmoral.
Aún no entiende la letra, pero comprende que Andrea Corr está sufriendo mucho. No para de tararear la cancioncita y la asocia a todo lo bueno del mundo: despertarse de la siesta en la playa, el helado de chocolate negro, las mil pelas que le da su padre sin motivo aparente.
Han pasado los años y sigue canturreando lo mismo.

(Manel F & Monteys. 2004.¡Para ti, que eres joven! Las letras de las canciones. El Jueves, nº 1407, 12/05-18/05-04)



Deira dijo
Qué genial. De mayor quiero saber contar (con música, porque es la mejor forma de contarlo TODO), recuerdos así. Qué grande :)
1 Junio 2010 | 10:26 PM