Días de fútbol y sueños
Abrió la puerta de la habitación con mucho cuidado, pues ya se sabe que las almas puras son poco amigas del estruendo.
Alguien (algún listo) había decidido pintar las paredes de rojo y amarillo macilento, como de plátano descuidado que queda en el fondo de la última caja de la frutería. Un haz de pelusas con olor a película del Oeste pululaba por el suelo con aires de reinona descontrolada. La iluminación era demasiado pobre: tan solo una diminuta televisión que emanaba un enfermo brillo azul hacia el sofá y la mesita, terriblemente inundada de latas de cerveza vacías y colillas a medio apagar.
Al fondo, una pequeña foto del pulpo Paul presidía una suerte de altar improvisado con velas gastadas y flores de plástico.
El muchacho permanecía quieto y callado, encajado en el sofá y atento con los cinco sentidos (y con su alma, y con su vida entera) a las acrobacias de Casillas y compañía. Lucía barba poblada, ojos apagados, frente obtusa y ceño fruncido. Un hilillo de baba luchaba a toda costa por gotear desde la comisura de sus labios y parecía que su bufanda de Ejpaña iba a cobrar vida de un momento a otro, de tan sucia y usada que estaba.
No se perdía ni un detalle de lo que pasaba en pantalla. Acompañaba leves movimientos de cabeza con el compás de sus pupilas perdidas tras cada uno de los movimientos del balón. Ella hubiera jurado que no pestañeaba ni respiraba, por lo que posó la mano en su frente sucia y empapada de sudor.
Sintió un escalofrío. Algo le decía que no debía penetrar de nuevo en su sagrado santuario de vuvuzelas y fanatismos gratuitos. Desde hacía casi un mes había disminuido su intolerancia futbolística hacía fronteras desesperadas que camuflaba con sonrisas condescendientes y copas de más. Al fin y al cabo, el Deporte Rey (fortunas desorbitadas y negocios turbios aparte) hace feliz a muchísima gente.
Se inclinó hacia él y olió su aliento de gritos de furor y nervios nunca apagados. No le quedó más remedio que darle un beso en la mejilla -al que obtuvo un gruñido inconcluso como respuesta- y desaparecer de un portazo, no sin antes desearle suerte a la Roja.




yasmine dijo
El pulpo Paul hay que hacerllo español ya jejej.
hoy vamos a ganar por todo lo alto y sin problemas y vamos a salir todos a celebrarlo.
vamos españaaaa!!!!
que viva casillas villa, piique y todossss
muchas suerte!y buen relato
11 Julio 2010 | 05:15 PM