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La Coctelera

Cuando los árboles no dejan ver el bosque

2 Agosto 2010

Mi primera vez

Vamos a ver, madre. He hecho los deberes, te he ayudado a quitar la mesa, he fregado los platos (y no lo he puesto todo hasta arriba de espuma, que conste), me he comido las habicholillas verdes, no me he peleado con mi hermano, tengo la habitación ordenada, me he borrado las calcomanías de las Tortugas Ninja (¡dolor!, ¡orgullo herido!), he ayudado a papá con el coche y anoche me acosté a las 22.30, en plenas vacaciones navideñas y con los dientes limpios. No hay razón ninguna por la que no me puedas llevar al cine.

Me imagino en la cocina, formalito y de pie, impertérrito como un militar de la Marina estadounidense. Mi madre, todo amor y sabiduría, probablemente seguiría con sus quehaceres un rato más sin hacerme caso: el justo para que me pusiera nervioso perdido y mis pies comenzaran el taconeo tosco de las botas de pies planos infantiles. Después, me acariciaría la cabeza suavemente, palparía mis mejillas coloradas, notaría la respiración entrecortada, sonreiría cómplice y diría algo así como:

Bueno, vale. Trae el periódico y echaremos un vistazo, a ver qué te apetece. Petardo, que eres un petardo.

Me gusta pensar que fue así (sinceramente, no creo que diste mucho de la realidad: con ocho años era un resabidillo insufrible) y me enfada lo curiosa que es la memoria a veces. Me acuerdo exactamente de todo lo que pasó aquel 25 de diciembre de 1992, menos de cómo me las apañé para que me llevaran a ver La Bella y la Bestia. Cómo lo pedí, qué argumentos di, qué argucias probé. Si estaba nervioso o no, o si me emberrinché demasiado. Cachis en la mar.

Sin embargo, recuerdo la larga cola en la taquilla de un cine que ya no existe, en una ciudad de provincias que hace ya mucho tiempo que dejó de ser lo que era. El olor a palomitas, los niños haciendo jaleo, las figuras de cartón que entonces me parecían inmensas. El suave tacto de la mano de mi madre, las luces rojas de la cartelera, la pequeña taquilla con minitaquillera incluida. Podría -si fuera posible visitar la sala de nuevo- señalar dónde me senté y despegar el chicle de fresa que dejé en alguna parte del respaldo de la butaca de delante. Seguro que las pruebas del carbono 14 me darían la razón.

Fui en una ocasión años antes, pero es imposible que me acuerde. Era un bebé al que porteaban como un paquete con la etiqueta Frágil en la frente y que, irremediablemente, iba siempre con mis padres y mi hermano.

Me han contado que la primerísima vez fue en un cine de verano de un pueblo de la costa, que hacía fresquito y que me pasé todo el rato embobado y sin pestañear. Contaba 1 añito y no lloré ni un segundo. Según mis cálculos, la película ya llevaba tres años estrenada cuando la vi, pero el retraso me parece bastante comprensible: estamos hablando de la España de los ochenta, en el último cine de verano del último pueblo costero del sur más inhóspito. Eran los tiempos de Parchís y sus sucedáneos y las repeticiones en bucle daban mucho de sí. Además, ya se sabe que todo es posible en Granada (frase que me viene al pelo para recordar una de las películas más bizarras del mayor genio de la canción española, al que le tengo especial cariño porque era el favorito de mi abuela).

La vuelta en mundo en góndola (Chispita y sus gorilas, 1982)

Desde entonces, he ido muchísimas veces y he visto cientos de películas. La Bella y la Bestia inauguró una tradición intocable: había que ver todos los estrenos navideños Disney, a toda costa. Quise ser el genio de Aladdin (1992) y me indigné cuando murió Mufasa (El Rey León, 1994). Pero no solo de Disney vive el niño: también aluciné con el Guardián de las Palabras (1994), me partí de risa con Los Picapiedra (1994, la única en la que mi padre no se quedó dormido y que todavía vemos con ilusión cuando la ponen en la tele) y me quedé frío con Cásper (1995).

Posteriormente tuve un grupo de amigos (época dorada: desde los 10 a los 18. Los volvería a vivir hasta la Eternidad y no me cansaría)  y me tragué todo -absolutamente todo- que tuviera tiros, peleas, catástrofes naturales y persecuciones. Hasta Deep Impact (1998), que será siempre recordada como Mi Primera Gran Decepción Cinematográfica en Pantalla Grande.

A mí también se me quedó esa cara de susto con semejante truño.

Hubo un tiempo en el que decidí que no hacía falta molestar a nadie y me aventuré a visitar las salas en solitario. No es una práctica que me guste mucho, pero reconozco que a veces hace falta. Recuerdo con especial cariño Y tu mamá, también (2001) en un centro comercial a las cuatro de la tarde. Aún no se me ha olvidado la sonrisilla del tío que cortaba las entradas (amigo mío, por cierto) y su manoseada broma sobre la soledad del vicio onanista y solitario. Qué sabría él del buen cine.

Creo firmemente que uno es, en gran parte, lo que ha visto en las butacas. Mi bagaje cinematográfico es limitado e ingenuo: muchos dibujos animados, muchos telefilmes de sobremesa, demasiados grandes estrenos, casi todo el cine español, los clásicos que mi familia adora y alguna que otra película de las denominadas "independientes", que, salvo excepciones, siempre me parecen sobrevaloradas y convencionales. Pero me siento orgulloso y agradezco muchísimo que me inculcaran el amor al Séptimo Arte.

Al fin y al cabo, cuando termina el trabajo, cuando la vida no sonríe, cuando el frío hiela el alma o el calor derrite las meninges, cuando estamos solos o bien acompañados, cuando las horas se amontonan como losas de piedra sobre la espalda... ¿a quién no le apetece una buena peli?

servido por eleternoindeciso 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Coruscia

Coruscia dijo

Qué poco criterio tenía yo. Recuerdo ver Deep Impact y no sé si me gustó, pero desde luego no me disgustó.

Creo que mi primera peli en el cine fue la de los mosqueteros (vaya tontada más maja) y después debió llegar La Bella y la Bestia. Me llevaron poco al cine, lamentablemente, y me tragué demasiada basura traumática fingiendo estar dormida en el sofá del salón. Cuántas noches sin dormir patrocinadas por Freddy, madre mía.

2 Agosto 2010 | 05:13 PM

Deira

Deira dijo

Pues mi primera vez también fue en un cine de verano! Sin costa, eso sí, y fueron Los Aristogatos :)

Y yo recuerdo haber visto La Bella y La Bestia en verano también...

Voy a estar todo el día pensando en eso de que uno es lo que ha visto en el cine. En mi mezcla habría cosas terribles! xD

(Tus descripciones de la infancia son una explosión de ternura, por cierto :_))

3 Agosto 2010 | 08:30 AM

Deira

Deira dijo

Ah! Y a mí también me gustó Deep Impact! xD Y quise tener un amigo como Casper durante mucho tiempo!! (vale, igual el preludio a las hormonas infantiles influía en ese deseo también... que el Devon Sawa era mucho Devon Sawa...)

3 Agosto 2010 | 08:31 AM

eleternoindeciso

eleternoindeciso dijo

Queridas Coruscia & Deira, Flores de Loto:

He respondido a vuestros comentarios de esta entrada en el siguiente enlace (Sección "Cartas del Indeciso"):

http://eleternoindeciso.lacoctelera.net/post/2010/10/18/el-eterno...

Un cordial saludo,

El Eterno Indeciso

18 de octubre de 2010

18 Octubre 2010 | 12:38 AM

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Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado.

Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza. Ladro mucho, pero no muerdo.

También me gustan mucho la televisión y el buen cine, aunque lo que realmente me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

En este blog intentaré que haya de todo, aunque no puedo prometer nada. El objetivo principal es utilizarlo como herramienta de liberación, como vía de escape de mis penas y espejo de mis alegrías. No obstante, todavía no he decidido sobre qué escribir. Mejor me lo pienso más tarde, pues todavía estoy dudando...

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