Me agobio, luego existo

Tengo una tendencia tremenda a estresarme desde muy pequeño. Me aturullo fácilmente cuando se me imponen metas, objetivos y plazos. Es algo que no puedo evitar.
Mis padres cuentan que ya desde parvulito me preocupé por dejar claro que lo mejor que se puede hacer conmigo es dejarme a mi aire. Alguna vez que otra le dije a la profesora que aprendería a leer por mi cuenta y que me permitiera hacer dibujos libres cuando me viniera en gana. Así, si me mandaban dibujar un árbol, yo dibujaba, por ejemplo, unos destartalados Batman y Robin. ¿Por qué? Porque sentía que me presionaban con deberes que no venían a cuento. Y eso implicaba una huída hacia adelante: justo lo contrario de lo que se esperaba de mí.
No he cambiado absolutamente nada en ese aspecto. De hecho, creo que cada día voy a peor y he desarrollado un miedo patológico al agobio.
Ya sé que a lo mejor no le importa a nadie, pero necesito hacer una lista de las cosas que hacen que me abrume hasta límites inimaginables. Los que me conocen en persona ya se las saben de memoria y están más que acostumbrados a verme así:

El Indeciso furibundo porque a alguien se le ha ocurrido la genial idea de adelantarle un plazo de entrega. Además, no encuentra su bocadillo de jamón con tomate.
No es que siempre me enfade cuando me agobio, pero sí es verdad que acumulo la ira en un cajón del escritorio que se abre cuando menos falta hace. De ahí que a veces descargue la tensión con quien menos lo merece y la entrada en un círculo vicioso de perdones y réplicas sea inevitable.
En fin, ahí va mi pequeña lista de infiernos personales. Como siempre, mis disculpas por adelantado por otra entrada terapeútica. Pero es que últimamente ando de un apabullado que no hay cristiano que me aguante.
Cosas que estresan al Indeciso
1) La burocracia. Cada día estoy más seguro de que la burocracia es un invento de Lucifer para volver loca a la Humanidad. Entiendo que necesitemos reglas, plazos, registros, documentación. Hay que organizar la sociedad por administraciones para evitar el caos y la anarquía. Vale. Pero... ¿es necesario que compulse todas las fotocopias de mis títulos académicos? ¿Tan problemático es el hecho de equivocarse de impreso? Si la diferencia entre el formulario A12 y el A13 es un puto número, ¿qué más da si lo tacho? ¿Es realmente relevante indicar el nivel de estudios de mi padre para matricularme en un curso de postgrado? Si entrego un papelito un día tarde, ¿es justo que un funcionario mal encarado me eche la bronca y tire mi solicitud al cubo de la basura? ¿A cuento de qué he de pagar por un título que me he ganado con mi esfuerzo y mil doscientas noches en vela? ¿A quién cojones se le ha ocurrido crear un certificado digital que funciona cuando quiere (si tienes la inmensa fortuna de poder descargarlo con éxito)?
No entiendo nada. I do not understand. Je ne comprend pas. Que alguien ponga medios para solucionar este desastre o acabaremos como en "Las doce pruebas de Astérix".
Una simple formalidad administrativa
2) Las prisas injustificadas. Si no vamos a coger un avión en media hora ni tenemos que ir a operar a una venerable viejecita a corazón abierto, ¿a qué viene tanta bulla?
Si voy tarde, ya os llamaré, os daré un toque u os mandaré un mensaje.
No se me da bien soportar la presión y menos cuando se trata de compromisos sociales/familiares en los que, en teoría, he de pasarlo bien. Si me obligan a llegar corriendo al lugar de la cita, rojo de sudor y nervios, lo más probable es que me pase el rato desconectado o fuera de cobertura. No funciono cuando infrinjo mis propias normas: la tranquilidad ante todo y sobre todas las cosas.
Dejádme solo, a mi ritmo. Seré más productivo en el trabajo y más simpático con los demás.
3) Los aprovechaos. Un aprovechao es un espabilado que siempre quiere la parte ancha del embudo: los mejores días de vacaciones, la comida más rica, la bebida más barata y el mejor sillón del cine. Suele ser un poco chuleta y cree conocer al dedillo todos los temas de conversación entre personas normales. Es un pelín inculto, pero no le importa porque una vez se leyó un libro y tiene una opinión muy bien formada sobre todo. No tiene por qué ser mala persona (aunque a veces coincidan ambas circunstancias). Por desgracia, nacen, crecen y se reproducen con demasiada rapidez... y su nivel de gilipollismo está en alza.
Me los encuentro cada día e intento vadearlos como puedo, intentando marcar el territorio cuando siento que están pisando mis derechos por toda la cara.
Su presencia me atosiga y el escucharlos discutir por nimiedades en pro de sus beneficios personales me pone de los nervios. Normalmente acabo dando golpes en las mesas o saliendo de la habitación a toda leche.
4) La acumulación excesiva de tareas. Llega un momento en que los deberes y responsabilidades se agolpan en el escritorio y las meninges de tal forma que no hay más remedio que suspirar como un buen hijo del agobio. Me ocurre con frecuencia en el trabajo: es tal la cantidad de asuntos a los que prestar atención que es imposible centrarse en uno solo y darle una solución. En consecuencia, a veces sufro situaciones que rozan el absurdo más surrealista...
Ogro enfadado al teléfono: El día 12 de marzo, a las 11.45 horas, usted contestó a mi correo electrónico y confirmó que haría esto: [insertar marrón gigantesco]. Veo que no ha hecho nada, o al menos no hemos vuelto a tener noticias de usted. ¿Podrías explicarme por qué?
Indeciso con inmensa gota de sudor recorriéndole la espalda: ¿Ein? Ehh.... [insertar excusa tonta para justificar que se me olvidó completamente porque estuve liadísimo hasta la médula].
A veces me da la sensación de que mi vida laboral se está convirtiendo en un libro de los de "Elige tu propia aventura" (si intentas bucear por el pasaje submarino, pasa a la página 58 / si decides esperar, pasa la página 64), solo que no tengo ni idea de por dónde empezar ni quién plantea las opciones. Qué estrés, por el amor de Yahvé.
Real como la vida misma
Creo que no me equivoco si afirmo que vivimos en una espiral de prisas y cansancio que está derivando en una nueva generación de jóvenes estresados, aturdidos y aburridos de sí mismos y del ajetreo de sus vidas. Ya sé que hay mucho "Ni-ni" y cazurro suelto que no pega ni chapa... pero les aseguro que existe una hornada multitudinaria de valientes de entre veinte y treinta años que aguanta con resignación la explotación abusiva de jefecillos de mierda, el miedo y la inseguridad ante un futuro incierto y los obstáculos más retorcidos y duros para poder alcanzar sus sueños. Así las cosas, no me extraña que andemos siempre tan agobiados.
A todos ellos les dedico esta insignficante e incompleta lista de angustias comunes.

