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La Coctelera

Cuando los árboles no dejan ver el bosque

6 Noviembre 2010

Yo tampoco te espero

Caricatura de Francisco de Borja Esteban Costa

Ya está aquí, ya llegó. Benedicto XVI ha llegado hoy a Santiago de Compostela y pronto partirá hacia Barcelona con su inmenso séquito (cien personas, entre pitos y flautas) y su plétora de acólitos de misa de doce y latigazo en la espalda (la del prójimo, se entiende).

Personalmente, no estoy de acuerdo en que se reciba en loor de multitudes a un señor que representa a la institución más rancia, oportunista, cavernaria y arcaica de nuestro mundo globalizado. Qué quieren que les diga, alguien que ha ocultado sistemáticamente y de forma repetida los abusos de sacerdotes a niños no me merece ningún respeto. Más bien me provoca una profunda indignación y asco, además de una creciente pérdida de fe en la Humanidad. El hecho de que todavía haya millones de católicos que crean en el Papa es una señal grande y luminosa del mal signo de los tiempos, de que estamos perdidos, sin rumbo y en el lodo.

Pero ojo: tampoco quiero decir que "la única Iglesia que nos ilumina es la que arde". No. Creo en el laicismo y en la libertad de religiones. Al fin y al cabo, cada uno hace de su capa un sayo y aquí hay sitio para todos. También creo en el catolicismo bien entendido, en los curas de barrio que llevan las bolsas de la compra a las ancianitas y dan la chapa a los drogadictos para que vuelvan al redil, en los que van de Lezama a Montecarmelo, en las madres de familia que enseñan catequesis de forma voluntaria y se preocupan por educar a los niños para el futuro... en las buenas personas, en definitiva. Así a bote pronto se me ocurre un par de ejemplos de católicos insignes: Vicente Ferrer (que comenzó como misionero jesuita e hizo muchísimo por la India a través de su fundación) y Marino Ayerra Redín (que es mi cura favorito porque no se doblegó a ser un perrito faldero del Franquismo. ¡Vean La buena nueva! ¡Ya!).

Pero no creo en Benedicto XVI ni en el Vaticano. Toda la parafernalia a su alrededor me despierta una serie de sentimientos que van desde la desconfianza hasta las ganas de vomitar, pasando por la somnolencia, el hastío y la desesperación. Mi opinión sobre los obispos, arzobispos y curas de sotana, fajín y anillos de oro es tan desagradable que no se puede expresar con palabras (o al menos sin insultos). No odio a estos personajes, pero ganaríamos mucho si algún alto mando les obligara a reciclarse en misioneros de la palabra de Cristo de los de verdad, de los que se van al último país del Tercer Mundo y luchan por construir escuelas, acabar con el hambre y crear dignidad humana donde ya no queda. Aunque no sé por qué, me da la sensación de que más de uno pediría la cuenta y saldría echando leches si tuviera que ponerse a trabajar.

Me parece mal que entre la Xunta de Galicia, el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat y la Diputación se gasten casi 5 millones de euros en la visita de este individuo (total para qué, si de momento está defraudando las expectativas). Estos curas y su manía de ir a todos lados de gorra. Además, si tantísima gente está dispuesta a ir a ver al Santo Padre, pues que paguen una entrada como en los conciertos. La lógica -además de necesaria- es aplastante.

Sé que todo esto puede resultar demagogia barata, una soflama débil y discutible desde mil puntos de vista... pero no me importa. Ratzinger es la cara visible de un Estado responsable del encubrimiento de actos de pederastia, abusos a menores, apología del genocidio y otros delitos. La Iglesia a la que representa cada vez vive más ajena a la realidad en su particular cruzada contra todo lo que signifique avanzar y mirar adelante (un repaso rápido de temas pendientes: ETS, uso de preservativos, matrimonio homosexual, etc.).

Por todo ello, me sumo a lo que dicen muchos de nuestros vecinos gallegos y catalanes:

Eu nom te espero / Jo no t'espero

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Solo soy un letraherido más, amante de todo lo que tenga que ver con la palabra escrita.

Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado.

Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza. Ladro mucho, pero no muerdo.

También me gustan mucho la televisión y el buen cine, aunque lo que realmente me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

En este blog intentaré que haya de todo, aunque no puedo prometer nada. El objetivo principal es utilizarlo como herramienta de liberación, como vía de escape de mis penas y espejo de mis alegrías. No obstante, todavía no he decidido sobre qué escribir. Mejor me lo pienso más tarde, pues todavía estoy dudando...

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