Cerrar un ciclo

Yo, mi, me, conmigo.
Esta es la definición de mi blog y la de la mayoría de los que conozco. Lo cual no eso malo, dicho sea de paso. No hace falta que entre a divagar sobre la incoherencia de exigir originalidad a un tío que puede tardar más de media hora en decidir qué pantalones va a llevar al trabajo. Con llevar adelante un conjunto difuso de escritos sobre temas personales, va listo (creo). Tampoco se le pueden pedir peras al olmo.
He estado mucho tiempo sin escribir y no ha sido por falta de ganas, lo aseguro. Sencillamente necesito la tranquilidad de sentarme frente al ordenador y empezar a crear historias nuevas con personajes estrambóticos de buen corazón, inquietantes damas de mejillas rosadas y chispeantes diálogos que ya he vivido o imaginado en sueños.
En fin, lo que son las cosas. La creatividad despierta con la tristeza y dormita con la alegría. Lo repentino tiene un aire de primavera en mitad del invierno más desolador: quizás se trate de la calidez de los cambios necesarios. Una mudanza temible, la travesía hacia otra ciudad, otro trabajo, otra vida... pero conservando (espero) las mismas amistades. Porque las personas que he encontrado en mi último año, cinco meses y tres días merecen permanecer escondidas en un rincón del alma, como cantaron Alberto Cortez, Chavela Vargas y tantos otros. Y no estoy dispuesto a perderlas así como así.
En espera de encontrar la serenidad para expresarme como Dios manda, hoy voy a dejar a otro que hable por mí. A continuación reproduzco un texto de Paulo Coelho que me gusta regalar cuando alguien cierra una etapa de su vida. No es de mis autores favoritos (el aura mística de los Guerreros de la Luz nunca fue conmigo), aunque reconozco que lleva mucha razón en los pocos textos suyos que he tenido la ocasión de leer. Que tire la primera piedra el que nunca haya hablado desde la ignorancia.
El artículo en cuestión es bastante conocido y puede encontarse como Cerrando ciclos, Cerrar un ciclo o Las etapas, dependiendo de la fuente. Al parecer Coelho no escribió el original, sino que lo adaptó y publicó, reivindicando parte de su autoría. Habla sobre transiciones bastante más radicales que las de este Indeciso, pero puede servir como receta.
Espero que les guste.
«Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin.
Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir. Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos... no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron.
¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más?
Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida, se convirtieron de repente en polvo.
Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia adelante, y todos sufrirán al verte paralizado.
Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver.
Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello.
Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros. Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar.
Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte.
Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del "momento ideal". Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad. Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.
Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo.
Deja de ser quien eras y transfórmate en el que eres.»
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Imaginen por un momento que abren un armario y mil piezas de puzzle caen sobre sus cabezas como una manta de ostias. No es momento de pensar en flores, películas, ni libros pendientes. Tienen el tiempo justo para montarlo y subirse en un tren que solo pasa una vez cada cien años.
Así mismo me siento ahora. Encajando dificultades, tapiando antiguas ventanas, limpiando telarañas.
Pero que nadie se preocupe: soy feliz.


Mensajeria dijo
Es como las esencia de la vida, pares de rompecabezas que debemos aprender a encajar.
7 Julio 2011 | 05:28 PM