Diálogo de besugos

Visto en Bilbao, allá por comienzos de septiembre de este año
─No llevas razón.
─Sabes que sí.
─¿Te encanta este juego, verdad? Vienes aquí, coges lo que se te antoja y te marchas. Eres un cínico.
─Y tú una imbécil.
─No me hagas que te dé un guantazo, porque te lo daré.
─Atrévete.
─No me lo digas dos veces.
─Atrévete, atrévete. Hazlo. Ya.
─Lo haría de buena gana.
─¿A qué esperas entonces?
─A que enciendas la luz.
─Estamos lo suficientemente cerca. Puedes pegarme y apenas me movería. Hay que ser rematadamente torpe para fallar.
─No tientes al diablo.
─No lo hago.
─No sigas por ahí.
─No lo hago.
─¿Te ríes de mí?
─No... lo hago.
─¿Ves cómo te divierte jugar con fuego?
─No más que a ti, gatita.
─La próxima vez que me llames así, te estampo la cabeza contra la pared.
─¿Cuántas veces me has amenazado desde que llegamos?
─Un par. Pero es que eres un tocapelotas de cuidado. Y un escolopendro.
─Tú y tu manía de inventar palabras.
─Tú y tu manía de llevarme la contraria.
─Tú y tu manía de sacar punta a todo lo que digo.
─¿Qué es esto, un nuevo ejercicio de estilo? ¿Una vanguardia mal construida, quizás?
─Es lo que quieres que sea.
─Disfrutas haciéndote el misterioso. Me haces gracia porque crees poseer un aura irreal y no eres más que mucha mierda en las tripas. Como todo el mundo.
─Para eso sí que sirves bien. Te maravilla pensar que eres una especie de ángel que da cucharadas de realidad a todos. En el fondo, no eres mejor que yo.
─Pues sí, lo reconozco: no lo soy. Soy complicada, enrevesada y distraída. Me pongo los calcetines de al revés, me olvido de las cosas con facilidad. Donde digo digo, digo Diego. Qué más da. Soy demasiado para ti, de todas formas.
─Pues mira qué bien.
─¿Sabes qué? Que así no vamos a ningún sitio. Durante mucho tiempo he fingido ser otra cosa cuando no tengo nada que esconder ni razones para cambiar. Simplemente soy otra por ti. Ya estoy harta. Hoy voy a ser yo. Mañana también seré yo. Y así será a partir de ahora.
─Felicidades.
─Gracias. Te noto lleno de alegría.
─Tengo mis razones.
─¿Sí?
─El día que vuelvas a ser tú, no dudes en llamarme. Porque yo me enamoré de ti, pero del tú de hace mil años. El tú que reía por bobadas y coleccionaba botones con esmero. Ese tú al que un día encontré vagando por los rincones de la facultad. El tú que pensaba en el hoy y que le dieran por saco al mañana. Pero ya no estás. Tú has desaparecido.
─Vete a la mierda.
─Dime una cosa: ¿hoy eres tú? ¿Eres tú de nuevo?
(...)
El amante estrechó a la chica entre sus brazos con sumo cuidado. El cuello tenso, la mirada perdida. Susurros y palabras ahogadas.
Como los soldados que saben que cada noche con la novia puede ser la última, como unos renovados Romeo y Julieta con tan solo dos minutos de vida, como dos extraños fusionándose de forma magnética; aquella noche, con el hambre de días largos sin pan, con los gatos balanceándose en las cornisas, con la vecina tendiendo la ropa, con los ruidos de la calle, con la puerta abierta; aquella noche, sin estrellas, sin humo, sin reproches, sin vida, sin ropa; aquella noche...
Aquella noche fueron, quién sabe si por última vez, el tú y el yo de siempre.



galeria dijo
Eterno ,
Te deseo un Feliz Navidad y unas Felices Fiestas !!!!!
Que el nuevo año sea " 11 " para Ti !
Un abrazo ,
Arturo
19 Diciembre 2010 | 04:54 PM