Expectativas

He aprendido que el cine ha de afrontarse sin expectativas de ninguna clase. Las dos últimas películas que he visto recientemente no se han correspondido para nada con lo que esperaba, y eso es bueno. Resulta agradable comprobar que uno se equivoca y que los prejuicios son inútiles.
Así, un presunto bodrio resultó ser entretenido, mientras que una grandísima obra maestra se quedó a medio gas.
Este tipo de cosas es una buena cura de humildad para todo gafapasta que, como yo, no duda en darse aires de cinéfilo empedernido. Porque hay que ver qué capullos podemos llegar a ser los amantes del séptimo arte. Y encima, resulta que una de estas películas (famosísima y más que vista por todo el mundo) la he visto en televisión por primera vez. Esto constituye, sin lugar a dudas, un golpe bajo sin precedentes para todo maniático del día del espectador y coleccionista de DVDs a porrillo.
Ha dado la casualidad de que ambas son películas de animación, lo cual concuerda perfectamente con lo que suele verse en estas fechas. No soy un niño, pero me gusta el cine infantil. De hecho, habría que preguntarse hasta qué punto la animación actual está dirigida a los más pequeños de la casa, ya que las cosas han cambiado mucho desde los clásicos Disney. Usaré pues la manoseada etiqueta "cine familiar". Por "cine familiar" nos referimos al cine blanco que exalta valores tan puros como la amistad, el amor, el compañerismo y el "fumar canutos es malo, niños". Aunque si te dedicas a fumar canutos en familia mientras que todos disfrutáis de, no sé, "Saw VI", pues quizás habría que replantearse el nombre. Pero vamos, que creo que el concepto se entiende, ¿no?
En un alarde de originalidad, puntuaré mis críticas con estrellitas (★), para que luego digan que soy un tío anquilosado en el pasado. El 2011 será recordado como el año en el que el Indeciso se modernizó para siempre jamás. Ea.
Megamind (2010)

★★★ (La esperaba peor)
Página oficial / Ficha en IMDB
Título original: "Megamind". Director: Tom McGrath. Guión: Alan Schoolcraft y Brent Simons. Doblaje original: Will Ferrell (Megamind/Papá espacial), Brad Pitt (Metro Man), Tina Fey (Roxanne Ritchi), Jonah Hill (Hal/Titán), David Cross (Esbirro). Duración: 95 minutos. País: Estados Unidos.
"Megamind" encaja en la tendencia actual de darle la vuelta a esquemas archisabidos por todos. Continúa la senda de "Los increíbles", solo que con mayor ligereza (si eso es posible): si aquélla nos contaba las peripecias de una familia de superhéroes con poderes, aquí nos encontramos con villanos y héroes que lo son por oficio.
También se perciben ecos de "Superman", con un equivalente a Lois Lane (Roxanne Ritchie, una periodista sabihonda) y hasta de "Karate Kid" y "El Padrino" (en un delicioso homenaje más que apreciable).
Cuenta la historia de Megamind, un supervillano azul y cabezón que repentinamente vence a su némesis, Metro Man y se queda más aburrido que un mico en una pecera. Ha conseguido el sueño de su vida, lo tiene todo y Metro City está a sus pies; pero necesita alguien a quien enfrentarse. Por esta razón, decide crear un superhéroe con el que luchar, Titán. El problema es que Titán no está especialmente interesado en ser un superhéroe...
...y ejem, dejo de contaros la película, que merece la pena ir a verla sin conocer demasiado el argumento.
La introducción, sin ser del todo original, está brillantemente escrita y los personajes tienen lo que se viene llamando personalidad. Se agradece que no sean meras marionetas graciosillas ("El Espantatiburones") y que parezcan humanos en sus decisiones y errores.
Los chistes funcionan como un tiro y juegan la baza del escepticismo propio de los clichés del cine de superhéroes. Las escenas de acción son muchas y variadas, para impresionar a los más pequeños. La factura técnica es estupenda, pero ya no vale la pena comentar estas cosas (a no ser que sean una pena como en la espantosa "Érase una vez... un cuento al revés").
Además, las voces de la versión original prometen mucho: Will Ferrel (Megamind), Brad Pitt (Metro Man) y Tina Fey (Roxanne Ritchie), sin que ello redunde en un necesario desprecio hacia la versión en español. No hay ninguna voz fuera de lugar y, afortunadamente, la productora no contrató a Dani Martín para que pusiera su estupendísima voz a ningún personaje principal.
He de admitir que esperaba una tontería aburrida para niños y me encontré con un fresco divertimento rico en segundas lecturas. Es de este tipo de películas que gustan a hijos y padres por motivos diferentes. Sinceramente, creo que Dreamworks se ha convertido ya en un digno competidor de Pixar.
No es broma: forma parte de la BSO de esta película
WALL-E. Batallón de limpieza (2008)

★★ (Esperaba una gran película)
Página oficial / Ficha en IMDB
Título original: "Wall-E". Director: Andrew Stanton. Guión: Andrew Stanton y Jim Reardon; basado en un argumento de Andrew Stanton y Pete Docter. Doblaje original: Ben Burtt (WALL·E/M-O), Elissa Knight (EVA), Jeff Garlin (Capitán), Fred Willard (BnL CEO/Shelby Forthright), John Ratzenberger (John), Kathy Najimy (Mary), Sigourney Weaver (Computadora). Duración: 98 minutos. País: Estados Unidos.
Mi decepción con "Wall-E" ha sido mayúscula. Sé que técnicamente es muy superior a cualquier película que se haya hecho posteriormente. También admito que el argumento plantea una premisa arriesgada: un robotito de ojos grandes que solo repite dos palabras durante más de hora y media de metraje es apostar fuerte, y más con la enorme afluencia de bestias pardas (niños y padres nerviosos) que consumen animación y palomitas a paladas. Todo eso lo sé.
Wall-E es un personaje carismático que es capaz de llevar la película a cuestas sin decir nada, al estilo de los interpretados por el gran Buster Keaton en sus legendarias películas mudas. Sus ojos son expresivos y sus movimientos son tiernos a más no poder. Es una criatura creada para amar y ser amada. Hubiera sido el protagonista absoluto de un cortometraje fabuloso.
La primera parte de la película (unos 40 minutos), con Wall-E en la Tierra y Eva pululando, es una obra de arte. No lo niego. Me fascinó y entretuvo a partes iguales. Pero hete aquí que en Pixar creyeron que la historia daba para más... y entonces metieron la pata. No era necesaria la fábula neohippie de la plantita en la bota. No necesitábamos ver a humanos obesos y a una sucesión desordenada de catastróficas desdichas amenizadas por robotitos de colores. No hemos pedido una moraleja trillada y mil veces repetidas. No.
Encima, cuando llega el momento de presentar al malvado, resulta que, entre pitos y flautas, ya se ha pasado más de la mitad de la proyección. Y entonces, nos plantan a un robot insurrecto sin personalidad, ni motivaciones, ni chicha, ni limoná. Ná de ná. Jafar, estés donde estés, te echo de menos.
Que sí, que la película tiene muchísimos méritos. Se nota que hay un profundo trabajo de guión, a pesar de que todo queda como descompensado y naïf al final. Es original, es divertida y graciosa a ratos. No pude evitar esbozar una sonrisa la primera vez que Wall-E pone la cinta VHS y me enternecí ante el precioso baile con Eva en el espacio. Todo es tan pretendidamente bonito que a uno le dan ganas de pintarse el dormitorio como el de Punky Brewster.
Pero no es la obra maestra que me habían vendido. Es como un whisky con demasiado hielo: el conjunto es satisfactorio, pero uno se queda con la sensación de que podría haber sido infinitamente mejor.
En fin, qué le vamos a hacer. La vida está llena de estos pequeños chascos.
Eso sí, me quito el sombrero (y me pongo a bailar) ante la estupendísima BSO

