La caja tonta
Hola a todos:
Mi nombre es Casimiro R-XXII y soy un extraterrestre del espacio exterior. Concretamente, vengo de Pluski-Pluski, un vasto territorio al oeste de Clander Jrander, en el mismo distrito centro de Mercurio. Me he criado -como podéis imaginar- en un lugar privilegiado que está a años luz de vosotros, viles seres humanos sin capacidad de discernimiento ni decisión.
Antes de que preguntéis: el que pone los nombres a los sitios en mi planeta no tiene ninguna relación con ese tal Chiquito de la Calzada que tanta gracia os hace. Malditos ignorantes.
Podéis llamarme Casi o Miro. Nunca me llaméis por mi nombre completo, pues puedo molestarme profundamente por razones que no vienen al caso.
Mis jefes (que, una de dos: o son unos sádicos o unos cachondos irremediables) me han pedido que analice la especie humana a partir de la televisión española. No me preguntéis por qué.
El acercamiento a mis investigaciones es reconocidamente inmaduro y admito que aún me queda mucho que pulir. Pero, tras un par de horas visioanalizando (¿se dice así?) una modesta pantalla atiborrada de canales de emisión abierta en este pais de flamencas, chulapos y chirigotas, mis conclusiones sobre los gustos de seres humanos son las siguientes:
1) Después de comer, comedieta. Como buen mercuriano, me paso las mañanas viajando en autobús, durmiendo o trabajando. Debido a esto, no pude comenzar mi sesudo análisis hasta pasadas las 15.00. del pasado viernes 28 de enero. Primero, vi un trocito de un programa "humorístico" presentado por una rubia de piernas largas y un señor regordete, bonachón y que se comportaba como un orangután en celo.

Qué bonito es el amor, sobre todo en primavera, cuando sale el sol...
He de admitir que sonreí un poco ante el teatrillo de estos dos y sus colaboradores. Pero, no sé, me resultó un poco deslabazado. Algo así como la coca-cola sin burbujas, un jardín con pocas flores, la caja roja de Nestlé sin bombones de chocolate blanco. Más o menos, como las risas forzadas después de un funeral. Parecía, sinceramente, que faltaba algo o alguien allí.
No obstante, el mensaje con el que me quedé es esperanzador: todavía queda vida inteligente en la Tierra (y el Eterno Indeciso es maravilloso porque me dejó ver la tele en su casa... por favor, deja de apuntarme con una pistola).
2) Cualquier tiempo pasado fue mejor. O eso parecen creer la mayoría de los españoles (y, por extensión, todos los seres humanos, ejem). Resulta que, a la hora del café (en mi planeta tomamos aguardiente de los volcanes de Jandrungic, algo suavecito), todo son telenovelas sobre amores, pasiones y demás instintos ocultos ambientados en épocas pasadas. Por un lado, había una que se desarrollaba en exactamente cinco decorados parecidos y otra de bandoleros, señoritingos y jornaleros que recogen aceitunas en la serranía de Ronda. Nada que objetar a esto, aunque todos sabemos que el mejor aceite del mundo viene de Jaén. Eso es algo que hasta los mercurianos de Pluski-Pluski tenemos presente en nuestras oraciones diarias.

La taberna estará suciasca, pero nosotros estamos impecables
En la de bandoleros, la acción se sitúa en el pueblo imaginario de Arazana y los personajes dicen mucho "Oiga señorita, que esto es Andalucía" con acento de Valladolid. Ignoro si, en la época en la que esta ficción se encuadra, Andalucía era algo así como la antesala del infierno o algo así.
La otra tiene lugar en una plaza con tasca, un portal de pisos, una tienda de discos y poco más. Hay un malo engominado (no podía ser de otra forma), una beata de buen ver, una profesora de baile, varios jovencitos enamorados, una pareja liberal... lo cierto es que, a priori, esta es más interesante y da la impresión de que está mejor interpretada, más creíble dentro de sus limitaciones.
Una cosa muy importante: no importa lo histórica que sea la cosa, siempre hay un bar. Los bares son necesarios para la supervivencia humana, por lo que se ve. Allí se reúnen los personajes más pobres (los ricos beben en casa o en lugares sofisticados) y suceden multitud de acontecimientos. Para ser exactos y según las estrategias de cálculo más avanzadas ejecutadas por la calculadora de mi ordenador interestelar, pasan cantidubi de cosas. Sin exagerar: un mogollón de historias se dan lugar tras la barra.

La foto de grupo la hacemos en la puerta del bar,¿dónde si no?
Hay cierto tufillo a rancio en la sobremesa, como de cartón-piedra gastado. Los personajes que pueblan estas ficciones son repetitivos y primarios, rudos o refinados, planos en la mayoría de los casos. Sin embargo, consiguen algo importante: hacen que los seres humanos que ven la televisión a esas horas se sientan identificados. El truco está, parece ser, en reproducir la tosquedad del comportamiento humano y plasmarlo en tramas que pueden ir desde la cotidianeidad hasta el surrealismo con ligeros toques de aventuras y una reiteradísima obsesión por el amor. Aquí todos andan con la cabeza en las nubes y se guían (básicamente) por la necesidad de satisfacer sus deseos. De ahí podemos sacar una conclusión interesante: el ser humano está siempre interesado en querer y, a ser posible, en hacer el amor a todas horas, como los conejillos.
3) La solemnidad del ridículo. Tras mi particular lección de historia de España, me sumergí en un magacín de tarde de dudosa calidad en el que una guapísima presentadora (Gloria Serra, creo recordar) se subía en un púlpito de corrección y absolutísimo rigor periodístico para entrevistar via telefónica a la madre del "Cuco", implicado en el caso de Marta del Castillo. Ni que decir tiene que tuve que cambiar de canal ante la cantidad de incoherencias que salieron a flote. En la segunda cadena había un documental en el que un montón de hienas rebuscaban en las tripas de un león muerto. Creo que no fue una casualidad.

Con mucho respeto ¿eh?, pero queremos toda la carnaza
En un arriegado alarde de decisión, a sabiendas de que la curiosidad mató al grombritoski ("gato" en Mercurio), volví de nuevo a la tercera cadena. Sentados en una mesa "de debate" se encontraban varios colaboradores, ávidos bebedores de agua embotellada (u otro líquido transparente y quién sabe si espiritoso), que parecían discutir con un cura de noventa años sobre la homosexualidad, la conveniencia de llegar virgen al matrimonio y ese tipo de cosas que dicen los cristianos castos y puros de golpe en el pecho y puñalada por la espalda. La cursiva es intencionada, porque en realidad estaban cachondéandose de un anciano senil.
Y digo yo, ¿tiene mucho sentido intentar hacer entrar en razón a un jesuita caduco que recomienda pegar guantazos a los niños? ¿Alguien cree que pueden sacarse buenas conclusiones de un enfrentamiento así? ¿Acaso no tenemos derecho a chochear y mantener ideales (deplorables, por otra parte) hasta la muerte? Al fin y al cabo, la gente que se puede tomar a este hombre en serio está en su misma onda y en Mercurio somos muy de la libertad de expresión y esas cosas. Un cura puede decir lo que quiera como persona que representa a una fe o creencia: igualmente, como tengo capacidad de raciocinio, pues puedo ignorarlo completamente y dedicarme a mis cosas.
No estoy seguro de poder extraer unas conclusiones relevantes de este programucho, aunque me decantaría por pensar que el ser humano es contradictorio por naturaleza. Esto no es malo de por sí, si no fuera porque manifiesta bastantes gustos comunes con los del escarabajo pelotero.
4) No me chilles, que no te veo. Por la noche no pude aguantar demasiado el desfile de gritos, miserias humanas y cantantes de tercera regional. En la primera pusieron una especie de concurso en el que varios aspirantes a trovadores de orquesta de pueblo lanzaban desagradables y desafinados gorgoritos al aire con el objetivo de participar en el Festival de Eurovisión, que viene a ser como el Concurso Interestelar de Comer Huevos Duros de mi planeta pero cantando. Vamos, una ful de Estambul con un señor de pelo indescriptible como reportero en el backstage.

Lo pasé mal en el colegio con este pelo. Por cierto, ¿dónde es el cásting para la nueva versión de "Momo"?
Pero, y aquí está lo peor del asunto: este era el único programa que se salvaba de la parrilla. Al menos era blanco y poco dañino.
En Antena 3 y Tele 5, solo dieron programas de corazoneo en el que varios buitres griznaban sin ton ni son. Mucha pluma, mucho cuento, mucha mala leche. No puedo decir mucho más, porque mi cerebro mercuriano apenas puede aguantar ese tipo de torturas. En Cuatro, un señor muy alto aconsejaba a un cani cómo debía comportarse con sus padres. Todo con mucho drama y didactismo de opereta.
Menos mal que anoche (el Eterno Indeciso me invitó a su casa porque es un ser brillante y magnánimo, por favor, sácame las astillas de las uñas de los pies) tuve la oportunidad de ver "Azuloscurocasinegro", la película más divertida del cine español sino fuera porque la expresión de Quim Gutiérrez invita al sueño más profundo.
Pocas conclusiones admirables puedo sacar sobre lo que vi: parece ser que el mayor divertimento en la televisión española consiste en gritar mucho, airear miserias humanas y rebuscar en los desperdicios de los demás. Sobreviven resquicios de entretetimiento "puro" que quedan empañados por una realización deficiente y baratuna, así como de mercadillo. Hay buenos actores en las ficciones, pero han de conformarse con representar estereotipos comunes y manoseados.
Tomando estos hallazgos como base, solo puedo deciros una cosa, queridos terrícolas: la invasión está cerca.
Lo agradeceréis, porque vuestro planeta se va a la mierda de todos modos.

En Mercurio no comemos ratas, pero tenemos mucha más mala ostia




miparaiso dijo
Muy bueno, no veas lo que me he reído con tu post... Muy buen análisis!!!
1 Febrero 2011 | 04:33 PM