Escobar, un genio que luchó por los derechos del proletariado

When we remember we are all mad, the mysteries disappear and life stands explained

(Mark Twain)

Pueden pasar muchas cosas en apenas un mes y medio.

Puedo dejar de escribir en el blog por motivos de agenda, porque realmente no tenga tiempo material más que para trabajar, comer y dormir. Así ando ahora, medio loco entre correcciones, preparar clases, atender a la gente. La marea, tan alta; el barquito, tan escondido. De todas formas, no voy a quejarme: he descubierto que soy un masoquista redomado. Que veo que queda alguna tuerca floja, la apreto doblemente y la sueldo con plomo derretido si hace falta. Que veo que una lectura es mala, baja la moral o no es provechosa, la elimino del programa e intento bucear en las entrañas de mi memoria y mi limitada biblioteca. Es un ejercicio mental extenuante, pero divertido... que es lo importante.

Puedo comprobar que la felicidad está cerca, aunque esté lejos. Porque se ha embarcado en un proyecto que le ilusiona, porque sabe lo que se hace, porque disfruta de las expectativas. No concibo vivir sin trabajar en lo que se ama, ni amar sin entender lo que se desea. Al fin y al cabo, siempre nos quedará el puente aéreo.

Puedo sentir miedo y vértigo ante lo que se acerca. Pero me lo merezco, porque lo he estado buscando y deseando durante años. Es gracioso que los que me conocen bien me miren con cara de What's coming next? (sí: era necesario decirlo en inglés).

Puedo dedicar mi escaso tiempo libre (el que me tomo con remordimientos, como ahora) a las actividades más mundanas. Por ejemplo, escaparme un fin de semana y ver mil películas, Glee (segunda mención en esta bitácora, voy a tener que mirármelo) y divertirme con mis críticas insulsas y carentes de sentido. Voy a ser breve:

"Las vidas posibles de Mr. Nobody" (Jaco Van Dormael, 2009)

Hay una parte de mí a la que le gustó la película, pero otra muy fuerte se inclina a pensar que es pretenciosa, tremendamente larga y exageradamente preciosista. Todavía no sé si el argumento es una genialidad o una tomadura de pelo de dimensiones gigantescas. Jared Leto no lo hace mal del todo, pero sigo viéndole cara de chulapón merluzo en Beverly Hills.

¡Y dura 141 minutazos!


"La trampa del mal" (John Erick Dowdle, escrita por M. Night Shyamalan, 2010)

El cuento de que el diablo está entre nosotros está muy manido. El personaje del policía destrozado por la muerte de su familia en un accidente fatal ya ha salido en varias películas. Que subirse a los ascensores sea un coñazo tremendo es algo que vivo cada día. El que más y el que menos conoce bien la historia de los "Diez negritos". Si a esto sumamos que el escritor-guionista-hombre-orquesta Shyamalan lo deja todo atado y bien atado, clarito como el agua cristalina, ya tenemos una película predecible y sosa.

Se deja ver: va bien para no pasar frío en la calle un sábado por la tarde, pero nada más.

¿Verdad que se parece a Arturo Valls?

Nota muy importante: también he visto la magistral (y un pelín sobrevalorada) "Pato Oscuro" "Cisne Negro" (Darren Aronofsky, 2010), pero me reservo una entrada entera (un post o cómo se diga, leñe) para tan fantástica obra cinematográfica, pues aún me debato entre sus ínfulas de surrealismo tramposo y estereotipado y sus verdaderos destellos de obra maestra.

Pero eso será en otra ocasión, lo prometo.

No podía no poner este cartel

Puedo desarrollar una vida paralela en autobús, medio de transporte al que estaré abonado de por vida. Ahora estoy descubriendo "El tambor de hojalata" (Günter Grass), en una edición de bolsillo de Bruguera, comprada el 23 de enero de 1984 por 475 pesetas. Toma ya. De repente, se me ha despertado una gran curiosidad con todo lo relacionado con Alemania, país que desconozco profundamente (a excepción de frases emblemáticas en su lengua: Haben Sie Feuer?, Wo wohnst du?, Ich kann ein Auto fahren.)

En fin...

¿Lo mejor de todo?

Que estoy vivo, que tengo una suerte inmensa y que sigo tan sensiblón como siempre.

Que soy capaz de imaginarme la vida sin estos golpes de suerte... y que, en definitiva, creo que hubiera podido seguir adelante (aunque a más de uno le hubiera costado años de psicólogo el aguantarme).

Que tengo muchas dudas y muy poco tiempo para poner las cartas sobre la mesa.

Que sigo manteniendo las amistades que cultivé, que hay chispas que no se apagan. Que no se resignan, sonríen y están bien.

Que ella está en mis pensamientos, que el futuro está ahí, que ya no queda nada.