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La Coctelera

Cuando los árboles no dejan ver el bosque

1 Mayo 2011

A real Nowhere Man

Los comienzos siempre son difíciles

El paso entre dos mundos siempre le resultó complicado. Por lo general, solía encontrarse hambriento, nervioso y desmotivado, andurreando por pedregales plagados de cardos y bichos de toda ralea. La fase de vagabundeo solía durar un par de horas. Y luego, la maldita puerta interestelar de las narices. No es que desconociera el protocolo ─reconocimiento de palma de manos, de globos oculares, de buenos pensamientos, juramento al Tratado Gubernamental─, ni que le fastidiara hacerlo en un grado normal. Simplemente, lo odiaba con toda su alma.

En fin, allí estaba de nuevo. Era tan solo un personaje sin nombre, esperando una nueva misión y (casi nada, una minucia) el sentido de su recién estrenada vida.

Si el ser humano ─real o ficticio, qué más da─ puede experimentar sensaciones extrañas y surrealistas, la de no saber qué se es ni qué se va a hacer es una de las más potentes. La cosa consiste, básicamente, en abrir cuadernos en blanco todo el rato, sin límite temporal ni advertencias ni guías de uso.

Como no había ningún parámetro definido todavía y la espera se antojaba larga  y pesada, comenzó a juguetear con un cigarrillo rubio que alguien había colocado cuidadosamente en su bolsillo.

Aturdido, cansado, confuso, perdido

A pesar de que el encendedor estuviera encasquillado, le sorprendió la dificultad para prenderlo. Más aún le sorprendió la inmensa nube de humo que se formó a su alrededor: ¿se le aparecería un genio? ¿un dios? ¿un ángel? ¿algún emisario del diablo? ¿quizás alguna viejecita con un mensaje misterioso?

¿Qué ocurriría?

Pues lo que menos esperaba. La nube era precisamente eso, una nube. Ni más ni menos. A algún escritorcillo primerizo (y gilipollas) se le había ocurrido que una cortina de humo consistía en asfixiarle con truquitos de magia baratos.

Visiblemente cabreado, comenzó a pensar en su destino.

La decepción del listón muy alto

Se sentía exactamente igual que en el patio del colegio, cuando nadie le escogía para su equipo de fútbol. Veía a los demás monstruitos desaparecer de un plumazo mientras que permanecía ahí, con su cigarrillo interminable y su eterna cara de mala hostia.

"Quizás esperan grandes cosas de mí" ─pensó. Quién sabe, eventos de mayor profundidad extraña se han visualizado en el globo terrestre.

Las expectativas son siempre una agonía, pero, qué le vamos a hacer, son necesarias. Lo mismo estaban todavía con el casting de secundarios y para él reservaban el papel principal. Quizás sería un cirujano importante, un arqueólogo con sombrero, un tambor loco, un nazi desquiciado, un cazador de fortunas...

Modestia aparte, él se veía demasiado bien. O mejor dicho, no se veía desechable del todo. A pesar de previas existencias, todavía conservaba cierta mirada seductora y estaba visiblemente delgado, lo cual es muy importante en esta maldita sociedad consumista que humilla a los gordos. Creía ─no sin razón, aunque de ilusión también se vive─ que daba el pego como superhéroe carismático o detective caradura. Estaba seguro de que llevaría como un guante algún estereotipo fácil, de esos que la masa analfabeta aplaude con fervor.

"Si apuntas demasiado alto, la caída puede ser letal" ─murmuró. La última vez que quiso ser rey, lo convirtieron en una linda mariposa. Cuando sugirió que sería bueno para correr aventuras, al escritorcillo se le ocurrió colocarlo como padre sufrido de un sanguinario delincuente, que, a la postre, había sufrido acoso escolar durante su infancia y portaba gran cantidad de traumas.

Pero llegado a este punto, cualquier cosa le valía con tal de salir de ese maldito agujero.

Alguna excusa para poner una canción

Alguien debió notar su impaciencia de alguna forma o quizás sus miedos comenzaron a oler tanto que se hacía necesario la intervención divina de algún ente sagrado. Como todo el mundo sabe, las peores atrocidades imaginadas por un personaje sin nombre se materializan en forma de anguilas, gusanos, cochinos de maltrechos dientes y demás bestias que pueblan la tierra. Quizás fue por el ruido, por alguna complicación inesperada en el ecuación espacio-tiempo o porque hacía semanas que no se duchaba decentemente, pero el caso es que Ella apareció.

¿Y cómo era Ella? El escritorcillo era tan torpe que se perdía en los detalles de su físico, ya que nunca fue bueno para las descripciones. No sé, más o menos, lo básico: pálida como la nieve, ojos grises o azules (en cualquier caso, más cristalinos que la más cristalina de las aguas de los lagos de Laponia), piernas largas y rectas como las carreteras de la Mancha, tirabuzones infernales, vestidito verde claro llevado con gracia y soltura.

Ella era la pelirroja más majestuosa que uno pueda imaginarse. Apareció de la nada (quizás era una ninfa de orejas puntiagudas eso ya se decidirá más tarde) y besó su frente.

Eso, en mi pueblo (expresión castiza que jamás debe faltar), significa que te eligen.

Like an apple on a tree / hiding out behind the leaves / I was difficult to reach / but you picked me

Y ahora me pregunto...

¿Es esto un relato de tintes oníricos sin final, principio, hilo argumental, orden ni concierto?
¿Vale la pena seguir las aventuras de este Don Nadie, este personaje sin nombre que espera en la Tierra de Nadie a Dios sabe qué?
¿Por qué no se hacen torrijas y leche frita durante todo el año?
¿Conseguirá nuestro (ejem) héroe un destino? ¿O se comerá los mocos? ¿Habrá una relación de tensión sexual no resuelta con la pelirroja infernal?

Las respuestas a estas preguntas son un misterio que nadie ha podido resolver todavía. Entre otras cosas, porque ni siquiera puedo asegurar qué va a pasar mañana o qué voy a hacer hoy. Todo es tan impredecible que es complicado hacer planes.

Habrá que esperar pues a que la inspiración divina aparezca o a que Don Nadie se rebele. Queda también la opción de que los sufridos lectores de esta bitácora sugieran directrices para el porvenir de esta desafortunada criatura, lo que agradeceré con besos, abrazos y palabras.

En fin, lo que suceda antes será bienvenido. Ya se sabe que nada es imposible.

servido por eleternoindeciso 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Deira

Deira dijo

Pues yo creo que Don Nadie ni siquiera es consciente de su personalidad oculta, que es la de Don Muy Alguien... Y que conseguirá llegar mucho más lejos de lo que se imagina, aunque el proceso sea difícil y a lo mejor más largo de lo que cree.

Mucho ánimo, Indeciso :)

2 Mayo 2011 | 12:25 AM

aldery

aldery dijo

http://www.youtube.com/watch?v=xqyz_MgJu5o So little time, so much to know!

3 Mayo 2011 | 08:23 PM

lavidaesencontrarseypensar

lavidaesencontrarseypensar dijo

Pasé a saludarte, . . . espero que todo bien . . .

22 Mayo 2011 | 08:09 PM

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Solo soy un letraherido más, amante de todo lo que tenga que ver con la palabra escrita.

Me encanta hacer mil cosas a la vez en pequeñas dosis, lo que ha hecho que me gane una merecedísima fama de lento y pesado.

Siempre intento mostrarme tranquilo y paciente, aunque a veces me dan ganas de cortar alguna que otra cabeza. Ladro mucho, pero no muerdo.

También me gustan mucho la televisión y el buen cine, aunque lo que realmente me fascina es ir de un lado para otro para comprobar que más que culturas diferentes, existen personas parecidas con distintas circunstancias. Ya dijo alguien que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

En este blog intentaré que haya de todo, aunque no puedo prometer nada. El objetivo principal es utilizarlo como herramienta de liberación, como vía de escape de mis penas y espejo de mis alegrías. No obstante, todavía no he decidido sobre qué escribir. Mejor me lo pienso más tarde, pues todavía estoy dudando...

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