Nada que decir

Los blogs ─como los diarios─ corren el grave riesgo de convertirse en pesadas odas al egocentrismo de su autor, quien puede resultar repetitivo y grotesco a medida que pasa el tiempo.
Hace falta mucho talento para enfrentarse a una pantalla en blanco al menos una vez a la semana y lograr algo original. También son necesarias grandes dosis de oficio, perseverancia y valor, entre otras cosas. La más importante: disponer de historias nuevas que contar. De lo contrario el esfuerzo cae irremediablemente en saco roto.
No es bueno que seis de cada siete escritos hagan referencias veladas a tics y complejos ya conocidos, como tampoco lo es alargar la agonía del que está conectado a una máquina de respiración artificial. He de reconocer que tenía expectativas que no he conseguido cumplir: ni he escrito con asiduidad, ni lo he hecho todo lo bien que hubiera deseado. La calidad de los textos habla por sí sola.
Por ello, he pensado que es buena idea dar un descanso indefinido (que no infinito) a esta bitácora. Al fin y al cabo, ya está acostumbrado a largos periodos de sequía... pero esta vez quiero que sea diferente. Al menos, voy a tener la decencia de despedirme y agradecer las visitas a los sufridores amigos que me han animado a escribir.
Gracias por vuestros comentarios, sugerencias y críticas.
Volveré cuando tenga algo que decir.
Hasta la próxima.


Deira dijo
No había visto esta entrada y casi preferiría no haberlo hecho :( Espero que no sea infinito el descanso, como dices...
Se te echará de menos :(
22 Agosto 2011 | 08:02 PM